Manifiesto segunda romería reivindicativa de La Cartuja de Nuestra Señora de Las Fuentes

Alberto Lasheras

Se dijo en diciembre del 2012 que los valores artísticos y culturales de la cartuja de Las Fuentes eran inferiores al coste de su restauración. Esto es algo que no podemos aceptar, estamos hablando de un conjunto declarado Bien de Interés Cultural. ¿Con qué criterio se ha hecho esa valoración? Para hacerlo con una aproximación aceptable, es necesaria una reflexión histórica que nos lleva a considerar un valor cultural y artístico, pero ¿cómo podemos medir el capital cultural intangible si no hay herramientas metodológicas, ni estadísticas ni estructurales?, ¿cómo medir el sentimiento, la tradición y la importancia en el futuro de su restauración? La única vía, es el conocimiento y la apreciación de lo que representa esta cartuja, junto a su valor histórico-artístico.

Por eso, sin ser exhaustivo, trataré de dar unas “pinceladas” para exponer algunos aspectos fundamentales relacionados con este entorno, sobre su fundación, la salida de los monjes, la refundación del monasterio actual, el estilo y la importancia del conjunto, los hermanos Comenge como definitivos benefactores y la figura de fray Manuel Bayeu.

Hablamos de la fundación cartujana más antigua de Aragón, llevada a cabo en 1507 por Blasco de Alagón y su esposa, cuando aun no eran Condes de Sástago (no lo fueron hasta el año 1511 por real cédula de Fernando El Católico). Nuestra Señora de Las Fuentes tiene una historia rica en hechos que debido a los avatares padecidos por sus monjes tras la rápida desaparición de sus fundadores y de sus principales benefactores, les provoca un estado de carencia de medios y precariedad que les obliga a abandonar sus instalaciones y dirigirse hacia otros lugares. Esta circunstancia hace que el obispo D. Hernando de Aragón funde en 1563 la cartuja de Aula Dei, para darles cobijo tras su salida de Monegros.

Los monjes buscaron otra ubicación y el obispo de Huesca les ofreció el santuario de Salas, pero debido a su proximidad a la ciudad, no fue aceptado ya que la estricta regla cartujana obligaba a vivir en un lugar más apartado. Les regaló un Cristo y una Dolorosa y consiguieron atraer fieles, donaciones y también llegaron nuevos benefactores. De este modo en 1670, de nuevo en Las Fuentes ya tenían hecho el claustro, pero en enero de 1701, un terrible viento arranca el campanario que cae sobre los edificios provocando enormes daños.

Será en 1705 cuando se refunda el monasterio actual en la llana de los almendros, poniéndose la primera piedra en 1714 y concluyendo las obras en 1797. El resultado fue un bellísimo conjunto, ejemplo de la arquitectura monástica del siglo XVIII, de estilo barroco-tardío-clasicista, con gran influencia

de las obras del arquitecto Buenaventura Rodríguez, estilo elogiado por el mismo Jovellanos en varios escritos.

Gracias a los donativos de los hermanos Comenge, de Lalueza, y a los que se obtuvieron de la Corte, pudo levantarse esta iglesia del monasterio nuevo, que fue bendecida en 1777. Recordemos que José Narciso Comenge fue tesorero de los hijos de Carlos III y protegido del Duque de Béjar que era ayo y mayordomo de los infantes. Juan Andrés Comenge, religioso, fue prepósito en Madrid de la Orden de los Filipenses, y confesor del duque de Béjar. Estas relaciones, hicieron posible la llegada de importantes cantidades de dinero, procedentes incluso del que luego sería Carlos IV. Francisco Antonio Comenge tuvo poderes que la comunidad de Las Fuentes le otorgó ante el notario de Sariñena para, el 12 de enero de 1769 concertar con el gran escultor Carlos Salas la construcción del retablo mayor, tabernáculo, sillería del coro y aguamanil, obras desaparecidas a excepción del tabernáculo que se guarda en el Pilar de Zaragoza. Los hermanos Comenge, también se ocuparon de que el retablo y tabernáculo quedaran adecuadamente dorados, y se contrató ante notario en Zaragoza al dorador Diego Gutierrez, natural de Barbastro. En varias clausulas de estos contratos se otorgaron a Fray Manuel Bayeu atribuciones de supervisión y control de trabajos.

Fray Manuel Bayeu se encargó de llenar todos esos espacios vacíos, a lo largo de unos treinta años, con un maravilloso ciclo de pinturas que ha resistido la Guerra de la Independencia, el decreto de José I Bonaparte (11 de febrero de 1809) suprimiendo las órdenes religiosas al norte del Ebro, las desamortizaciones, las Guerras Carlistas y la última Guerra Civil y su uso como almacén de cereales, que lo han ido deteriorando de una forma alarmante hasta llegar a nuestros días. A pesar de todo lo sufrido, es el tercer conjunto de pintura mural más importante de Aragón tras El Pilar y Aula Dei y que debemos preservar para las futuras generaciones. Como saben vds., actualmente sigue siendo propiedad privada, a pesar de su ofrecimiento al Gobierno de Aragón, para que pase a ser de titularidad pública, que ha sido rechazado en varias ocasiones, “esquivando responsabilidades y sin dar explicación de los motivos reales por los que rechazan hacerse con la titularidad del cenobio”, como manifestaba recientemente Alberto Borrás.

Fray Manuel Bayeu, es el alma de esta cartuja. En su obra puso todo su saber y su esfuerzo en llenar de vida y color las paredes y techos de este recinto, en una titánica labor cuyo ejemplo no es fácil de encontrar en otras iglesias o monasterios, en los que intervinieron mayor número de pintores.

¿Quién era Fray Manuel Bayeu?

Manuel Bayeu Subías fue el quinto de los nueve hijos que tuvo el matrimonio formado por Ramón Bayeu Fanlo y María Subías Dominguez. Nació en Zaragoza el 8 de enero de 1740. Era seis años más joven que Francisco y cuatro mayor que Ramón. Los hermanos Bayeu quedaron huérfanos de padre en 1755 y de madre en 1757.

Francisco Bayeu, el hermano mayor se convierte en cabeza de familia y en responsable de sus hermanos, tarea que no abandonará mientras viva, preocupándose de la salud y las vidas de sus hermanos menores.

Manuel, al igual que sus hermanos, recibió formación escolar en los escolapios y los jesuitas. Ayudó en sus trabajos y aprendió con su hermano Francisco en el taller, para sacar la familia adelante.

En los años 1755 a 1760, los trabajos de Francisco para la cartuja de la Concepción y para la de Aula Dei, hacen que el joven Manuel vea de cerca la vida religiosa de los cartujos y se sienta inclinado a ella. Así el 3 de diciembre de 1760 Manuel ingresó como probante de donado en nuestra cartuja de Las Fuentes, siendo luego conocido en la vida religiosa como Fray Manuel Bayeu.

A los cartujos, como a otras órdenes religiosas, les interesaba tener artistas y artesanos entre ellos, capaces de trabajar en sus iglesias y edificios, ahorrándose todo el dinero que tendrían que pagar a otros artistas externos a la orden y contratados para realizar obras de arquitectura, pintura o escultura.

Fray Manuel tenía todo un monasterio por pintar ya que las celdas no las pudieron ocupar los monjes hasta 1756 y la iglesia no fue terminada en su parte decorativa hasta 1777, siendo bendecida el 13 de septiembre de ese mismo año.

Nunca se quejó fray Manuel de su condición de religioso ni de la dura vida del cenobio, si bien es cierto que se le permitió alguna libertad en la toma de algunos alimentos y bebidas que no estaban aceptados en la estricta vida cartujana.

El día de La Asunción de 1762, hizo Manuel Bayeu la donación en nuestra cartuja. No se quedó como un simple donado, es decir como un laico que prestaba servicios a la cartuja sin hacer profesión religiosa, sino que perseveró en la vida monástica en los diez años siguientes, en que pasó a hermano converso o lego, haciendo su profesión solemne el 29 de junio de 1772.

En Las Fuentes residiría la mayor parte de su vida, salvo una larga estancia que hizo en Mallorca, en la Cartuja de Valldemosa y alguna más corta en la de Scala Dei por Tarragona. También pintó para las otras cartujas aragonesas de Aula Dei y La Concepción, para ermitas, iglesias y catedrales de Aragón, y para particulares con el permiso del prior.

La principal beneficiaria de su pintura fue la cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes, donde llegó a pintar unos dos mil metros cuadrados de pinturas murales en la iglesia, claustro, capillas y otras dependencias del cenobio, además de un elevado número de cuadros religiosos. Entre ellos están los diez y siete lienzos sobre la vida de San Bruno, actualmente en el Museo Provincial de Huesca.

Como cuñado del genial Goya y hermano de pintores de fama y prestigio, fray Manuel conocía los entresijos de la pintura, pero no quiso seguir modas, más bien se desmarcó de ellas, y en Las Fuentes hizo una ejecución barroca por la carga espiritual que contenía este estilo de la Contrarreforma, la cual da uniformidad y coherencia a todo el conjunto pictórico. No se puede negar su capacidad pictórica, los recursos temáticos y los colores suaves que relajan hasta las escenas más tensas. Tiene conocimientos anatómicos adquiridos de las láminas de Vesalio, lo que se refleja en sus personajes masculinos.

Fray Manuel Bayeu, fue un monje y una persona muy interesada por todo lo que le rodeaba, la situación política y los acontecimientos político-militares. Se relacionó con relevantes personajes como sus hermanos (grandes pintores, Francisco le visitó en las Fuentes), su cuñado Goya (le mandó algunos bocetos), Martín Zapater, Pedro María Ric, Jovellanos, prioras de Sijena, etc. Su afición a las plantas y a las flores que cultivaba en su huerto, la conocemos a través de la correspondencia que mantenía con Martín Zapater, quien a través de su secretario Clemente Aranaz, le mandaba esquejes y plantero de clavelinas, coronas y otras plantas.

Gracias a sus pinturas, la Cartuja de las Fuentes no ha caído en total abandono, aunque continúa su lenta agonía. Los trabajos y estudios de catedráticos como D. Arturo Ansón Navarro (que sostiene y argumenta que Fray Manuel Bayeu puede estar enterrado en el cementerio del claustro grande), Dña. Belén Boloqui Larraya y Dña. Elena Barlés Báguena (que han estudiado el arte y la arquitectura del cenobio) y D. José Ignacio Calvo Ruata (que ha estudiado la pintura de fray Manuel Bayeu y su correspondencia), todos ellos grandes conocedores y expertos en nuestro monumento, nos proporcionan el conocimiento necesario para afirmar, como he dicho antes, que tenemos el tercer conjunto de pintura mural más importante de Aragón del siglo XVIII, y un conjunto arquitectónico de extraordinaria belleza y armonía.

El monasterio está declarado Bien de interés Cultural y es Conjunto Histórico-Artístico desde el año 2002. Evidentemente hay un problema político de fondo: los bienes culturales no se tratan como tales. Vemos una gran hipocresía en este sentido.

Vivimos tiempos difíciles, la crisis, el déficit, la exclusión social. Sin duda las personas son más importantes que el arte, pero si no cuidamos nuestro pasado y la herencia que debemos mantener y transmitir, ¿cómo vamos a afrontar el futuro? El arte es cultura y nuestra sociedad sufre un eclipse del pensamiento y una desaparición de la cultura humanística que es la que nos abre el camino de la reflexión, el espíritu crítico y el debate, y nos muestra lo que somos como civilización. Existe una brecha social cada vez más grande, pero también una brecha humanística que hace que aumente el peligro de desaparición de gran parte de nuestro patrimonio histórico, artístico y cultural.

La Cartuja de las Fuentes es un conjunto pictórico y arquitectónico muy relevante, y como monasterio lugar de culto y de creación de cultura, que como patrimonio histórico merece ser valorado, conservado y aprovechado como motor económico, para generar puestos de trabajo y crear riqueza. El patrimonio cultural, además de recordarnos nuestras raíces, es motor de desarrollo de la sociedad, aunque parece ser que hay una continua obstinación de los economistas, es decir de los políticos que deciden en qué invertir el dinero público, que no les interesa o que no comprenden esta interacción.

¿Será que no les interesa porque se trata de una inversión pública poco rentable en votos? Desde ahora hasta las próximas elecciones legislativas iremos leyendo en los periódicos, viendo y oyendo en radio y televisión como se aceleran obras ya empezadas o comienzan otras nuevas (por ejemplo tramos de autovías) que se inaugurarán pomposamente al final de la legislatura. Esas obras sí son rentables políticamente. Al comienzo de una nueva legislatura nunca hay dinero, sí suele haber promesas, que en lo referente a este conjunto, ¿se cumplirán alguna vez?

Alegan que su conservación puede ser muy costosa, pero ¿han calculado ustedes el coste que supondría su desaparición? Permítanme hacer un pequeño cálculo, a raíz de la última tasación que conozco, de una obra de fray Manuel Bayeu. Se trata de una pintura al óleo de 1,70 X 1,27 metros. Se ha tasado en 4.900 €, por lo que el metro cuadrado de pintura sale a 2.268 €. Si multiplicamos 2.268 € por 2.500 metros cuadrados de pintura del monasterio, nos da un resultado de 5.670.000 €. A esta cantidad habría que añadir el valor que tendrían los estucos que quedan en el monasterio, que están sin estudiar (como apuntaba Dña. Belén Boloqui), y que es muy probable que sean del gran escultor Carlos Salas, autor del retablo y otras obras que he citado anteriormente. Luchamos por la devolución de los bienes a las parroquias, pero a la vez hay que cuidar, conservar, proteger y restaurar los que tenemos. ¿Tendremos que seguir oyendo que somos incapaces de conservar el patrimonio que hay en nuestra tierra y reclamamos el que tenemos fuera bien conservado?

¿Imaginan Vds. Zaragoza sin EL Pilar o Huesca sin San Pedro El Viejo? La permanencia física de éste último estuvo en peligró cuando se decretó el cierre del templo y la demolición de su claustro por orden municipal. Este hecho movilizó a una minoría culta y sensible que fue capaz de conseguir su declaración como Monumento Nacional. Han pasado ya más de cien años desde su restauración y creo que no hace falta que les diga el significado que adquiere hoy este espacio cultural aragonés.

También La Cartuja de Las Fuentes es un legado testimonial muy importante de nuestra cultura que es necesario difundir.

Sólo con inteligencia, trabajo y riesgo podremos salvar y poner en valor nuestro monasterio, con todo lo que representa, para que sirva de punto de encuentro, de estudio y de debate sobre este periodo histórico, su rico patrimonio, sobre sus personajes y fundamentalmente sobre la figura de fray Manuel Bayeu y sus hermanos. De este modo, el peregrino, el turista o el viajero podrán acceder y admirar esta magnífica obra de arte.

Comentarios