“La vergüenza de Ana Alós”

Ilich Ajates Meca

Hace unos días leí en algunos medios locales como la alcaldesa de la ciudad de Huesca, Ana Alós, afirmaba que las necesidades sociales de la ciudadanía estaban cubiertas. Esta aseveración me enfadó sobremanera. En enero de este año, se me concedió una ayuda de “urgencia” para poder hacer frente al pago del alquiler de mi vivienda por encontrarme en desempleo, asegurándome servicios sociales que dicho ingreso se demoraría 40 días como mínimo. Ya entonces esa tardanza me resultaba intolerable, pues no entendía como una ayuda que al ser concedida está implícitamente reconociendo la urgente necesidad se demore más de dos meses en cobrarse. Sinceramente, no se si se lo han llegado a plantear los servicios sociales, incluso siendo optimista el equipo de gobierno, y digo supongo, porque nadie se ha cuestionado públicamente aún el plazo en el que es ingresado el importe en concepto de “urgente necesidad”; ahora flores, las que quieras y más.

Pero si ya, y como me paso a mí, te encuentras con que los papeles de la solicitud, en una brillante labor administrativa donde las haya, y desde el 20 de enero que está concedida hasta el día de hoy no se ha percibido nada, probablemente mi enfado se quede corto. Sin duda, Ana Alós, debe vivir en un mundo paralelo al mío, en el que no tiene dificultades económicas ni que afrontar las vergüenzas de su mandato, porque si se cree lo que dice, seguramente debiera bajar a la tierra y pisar el suelo que yo piso, en el que, debo advertirle por si leyera estas líneas, la ciudadanía no ve satisfechas sus necesidades más básicas con unos servicios sociales lentos, capitaneados por gente que no sabe ni cuestionarse algo tan sencillo como esto. Todo este enfado es extrapolable a la Concejala, que debe vivir en un mundo en el que no es costumbre contestar escritos ni hacer nada más que auto - condecorarse. ¿Saben? no les voy a negar que me gustaría vivir en su realidad (si me dejaran entrar, claro) el problema es que mi realidad es la de mucha más gente. ¿Pero a quién le importa en una ciudad en el que todo va bien? Vergüenza ajena.

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