Las fallas del Pirineo declaradas Bien Catalogado Inmaterial

Fallas Montañana Foto de J. Clariana

El Boletín Oficial de Aragón publica, este martes, la orden del departamento de educación, universidad cultura y deporte, por la que se declaran las fiestas del fuego del solsticio de verano del Pirineo oscense como Bien Catalogado Inmaterial.

En el anexo de la orden se explica que las fallas se celebran en algunas localidades del Pirineo la noche del 23 de junio siendo el fuego el eje principal como símbolo del poder del sol en el día más largo del sosticio de verano y como asegurador de la vida renovada junto a otros elementos como el agua, aire o tierra.

La celebración comienza cuando vecinos de algunas localidades del Pirineo oscense central y oriental suben a las cumbres próximas al pueblo y en su cima talan árboles, cuyos troncos son plantados de nuevo y se les prende fuego, son los faros. Con las ramas cortadas se confeccionan teas o antorchas, fallas, flamas, falles o falletas de unos dos metros de largo, con ellas se prende fuego del faro central y los jóvenes comienzan a descender por la ladera de la montaña, es lo que se llama “correr la falla”, van guiados por el cap de colla formados en hilera y haciendo girar las fallas sobre sus cabezas, por lo que van desprendiéndose albá o pequeños trocitos encendidos, que transmiten a su vez las propiedades purificadores del fuego original.

Una vez en el pueblo, en la plaza de cada localidad, se enciende una gran hoguera con los restos de las fallas que han bajado.

La tradición dice que las cenizas fertilizan los campos, curan las enfermedades de la piel y saltando la hoguera tres veces se tiene suerte durante el año. Incluso en algunos sitios se arrastraban fajos de fallas encendidas por los campos para favorecer las cosechas.

Las fallas son propias del área pirenaica oscense, fundamentalmente de la Ribagorza: Bonansa, Aneto, Gabás, Castanesa, Sahún, Montanuy y Laspaules y San Juan de Plan en Sobrarbe donde se conoce como el Diya de la falleta.

El fenómeno está experimentando un resurgimiento importante y convirtiéndose en seña de identidad de las localidades pirenaicas centro-orientales.

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