Salida del Club Montisonense de Montaña a los Picos de las Forquetas

Un grupo del Club Montisonense de Montaña realizaba recientemente una salida a los Picos de las Forquetas. Salían de Monzón hacia el valle de Viadós, donde llegaron en torno a las 19h; una vez ahí, se reunieron y estuvieron departiendo un buen rato, hasta la hora de la cena. El día estaba lluvioso y la tormenta no se hizo esperar: empezó a tronar, llover y granizar. Por ello, decidían posponer el madrugón del día siguiente, ya que estuvo lloviendo durante toda la madrugada.

A pesar de la noche tormentosa, pudieron hacer todo lo planteado, así que después de un buen almuerzo, se pusieron en marcha hacia el collado de Eriste. Por delante tenían una buena caminata y un buen desnivel que vencer. Pasadas las bordas de Viadós y el puente, avanzaban a buen ritmo el camino común a los lagos de Millaris y la ruta de los tres refugios. Una vez en el cruce de los lagos de Millaris, hacían un pequeño descanso para reponer fuerzas y continuar hacia el collado. A partir de ahí, la ruta se endurecía por el desnivel a salvar, así que con un ritmo continuado fueron ganando metros a la montaña.

Tras un pequeño descanso en el collado, volvían a aparecer las nubes, por lo que se apresuraban a trepar. Las trepadas no eran demasiado complicadas, pero no podían bajar la guardia ya que encontraban pasos de IIº (la ruta está indicada con mojones y siempre se va en busca de los mejores pasos), Primero se acercaban al pico más oriental (3.003m), pasando a toda cresta, lo que incrementaba la dificultad a IIIº. Algo que se podía evitar caminando unos metros por debajo de la cresta mirando al lago de Llardaneta.

Después de un rato disfrutando de las vistas, se fueron a por la Forqueta oriental (3.004m). Hicieron otro buen descanso y como aún les quedaba todo el descenso, emprendían la bajada hasta el collado para recoger los crampones y material que habían dejado para evitar subir tanto peso a los picos.

Ya en el descenso, la senda era bastante cómoda. Pronto llegaban al cruce de los lagos, donde el desnivel disminuía considerablemente; las barranqueras bajaban con bastante agua y los prados estaban de un verde intenso. Al haber llovido la noche anterior, se respiraba un aire muy puro y la temperatura era la ideal: algo de fresco por la mañana pero sin llegar a ser muy fría. Al llegar de nuevo a Biadós, comieron, descansaron y charlaron un buen rato antes de partir.

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