La gran campana de Huesca preside el homenaje a Ramiro II

Con el 'Festival Huesca de Leyenda Viva', se pone de relieve la importancia de una campana concreta de la ciudad y el simbolismo que se refleja en ella. Precisamente este domingo, con motivo de los actos de homenaje a Ramiro II, la plaza de San Pedro cobrará un protagonismo especial. El tomillo, la lavanda, la hiniesta y el sisallo darán aroma al entorno de esta plaza. Sobre la fuente, el escenario hexagonal va a estar presidido por una gran campana. No es una campana cualquiera. Se trata de la mayor campana civil que se ha fundido en Huesca. Una campana de bronce que se fundió y colocó en el ayuntamiento en el año 1576.

La ambientación en este homenaje va a girar alrededor de la "campana" con motivo del homenaje al rey Ramiro II. La relación directa con la Leyenda de la Campana de Huesca le otorga un protagonismo claro. Además, hay que tener en cuenta que es un símbolo universal de comunicación, reconocible en todos los lugares del mundo y presente en todas las épocas y civilizaciones.

Las 200 campanas de la calle son elementos decorativos pero también serán parte del homenaje del domingo por la mañana. Así, gracias a la colaboración de los voluntarios de la Asociación 'Izas, la Princesa Guisante', sonarán al mismo tiempo que el resto de campanas de la ciudad.

Asimismo, aquellos ciudadanos que quieran vivir este momento, pueden acercarse a la plaza de San Pedro con una "campanilla" para que entre todos "Huesca suene más alto". Recordamos que la Asociación de Comerciantes aportará 500 campanillas a través de la promoción del 'Campanazo'.

Junto a las campanas están las flores. No se utiliza como mero objeto decorativo o estético sino que es un elemento vivo, como la ciudad en estos días, que crece y que está en continuo desarrollo. Las plantas, las cintas de colores y los cascabeles son un mensaje directo para los sentidos: vista, oído, olfato... Esta es la idea de los organizadores de la actividad.

Por otra parte, las cadenas son un símbolo de fuerza, de cohesión.

Eslabón a eslabón, persona a persona, generación a generación, se construye una ciudad. Las banderolas (similares a las del cartel del festival) recuerdan que, al fin y al cabo, se trata de una fiesta y la ciudad ha de engalanarse para ello, con un estilo y un acabado medieval.

Todos son elementos reutilizables que quedarán para ediciones venideras. Porque la vocación del festival es perdurar en el tiempo y arraigar en el corazón de los oscenses.