Ni esclavas, ni sumisas. 25N.

Trini Rincón.

Área de la mujer IU HUESCA.

Este año se cumplen 10 años de la Ley de Protección Integral contra la Violencia de Género, ¿y? seguimos igual, sin erradicar una de las mayores lacras de nuestra sociedad, más de 750 mujeres asesinadas en esta década y este año superando en número de víctimas a los dos últimos años en las mismas fechas.

Se da la paradoja de que desde el 2011 el presupuesto para prevención de la violencia de género se ha reducido más de un 25%, en personal público, casas de acogida, formación e información, programas de teleasistencia , programas de protección… un recorte económico para asentar sus políticas de desigualdad.

Se les llena la boca diciendo que se suscriben a grandes planes estratégicos y convenios de lucha contra la violencia, el último es de agosto de este mismo año, el Convenio de Estambul, donde todos los países de la Unión Europea manifiestan que quieren acabar de una vez por todas con la violencia de género y la desigualdad. En España no se ha dado ni un paso en esa dirección, ni desarrollo, ni presupuesto, ni nada.

Eliminan competencias a los Ayuntamiento, que ya se ocupa el Estado dicen, y a la vez les cierran el grifo, y delegan en manos de instituciones y empresas privadas el trabajo que se debería hacer desde la administración pública. Es tal la indefensión que sufren las mujeres víctimas de violencia que ni siquiera denuncian, y aún nos preguntaremos el por qué, de las 50 víctimas que llevamos este año sólo 14 habían denunciado y dos quitaron la denuncia.

El desempleo, la precariedad laboral y la falta de soluciones que se están aportando desde las instituciones, hacen que las mujeres se encuentren en situaciones de total desamparo y sin recursos suficientes para dar el paso y salir de ese infierno.

Algo sí que está claro, que lo que está haciendo el Gobierno no es sólo una reforma económica, es una reforma ideológica pura y dura, intentando que las mujeres volvamos al rol que “su” sociedad nos tenia marcado, en casa y calladas, y desde luego ni lo podemos ni debemos permitir, ya es triste que después de tanto años de reivindicación, de lucha en las calles por defender los derechos que tenemos reconocidos, tengamos que seguir diciendo alto y claro que ¡NI ESCLAVAS, NI SUMISAS!

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