Accidentalidad en montaña en la provincia de Huesca

Alberto Ayora e Iñigo Ayllón

Algo seguimos haciendo mal cuando la principal noticia que ofrecemos continuamente sobre nuestras montañas son los accidentes. Año tras año vemos como aumentan el número de intervenciones de los equipos de rescate en nuestras cordilleras. Y parece que con eso nos conformamos: prevención que no funciona como debiera, mala imagen pública de las actividades en el medio natural, y los profesionales del rescate y la asistencia sanitaria trabajando a destajo, aun con las sombras que algunos se empeñan en crear sobre su futuro.

Durante el verano de 2014 hemos realizado, de acuerdo con la Gerencia del Salud en la provincia, y la inestimable colaboración del personal de los centros de salud y hospitales, un estudio sobre accidentes que va más allá de las estadísticas oficiales; encuestando a las personas que acudían a los centros públicos para su tratamiento, tras sufrir un accidente en actividades deportivas en el medio natural.

Los resultados obtenidos han sido especialmente alarmantes, pues proporcionan una radiografía que ha de hacer recapacitar y mucho, tanto a los poderes públicos como a los distintos entes intervinientes en el medio. El 90% de los atendidos en los hospitales y centros de salud altoaragoneses son personas procedentes de fuera de Aragón. Primera reflexión: es inadmisible que siga sucediendo esto con nuestros turistas y visitantes, uno de los principales activos sociales y económicos de la comunidad.

Además, es destacable que tanto en número de rescates como de accidentados, las actividades deportivas con más siniestralidad son las más sencillas (técnica y físicamente): senderismo y excursionismo. Precisamente aquellas que más se ofertan a nuestros visitantes.

Pero sobre todo el estudio desprende varios datos inéditos y preocupantes, para los que no caben soluciones tardías ni parciales, y que exigen afrontar este reto con el esfuerzo conjunto de toda la sociedad (montañeros, montañeses, profesionales, amateurs, públicos y privados,…). Y es que aunque nos alarmemos cuando se anuncia el número de rescates anuales o de temporada que proporciona la Guardia Civil, estamos solo ante la punta de un iceberg de proporciones colosales. El estudio descubre que estos rescates suponen únicamente el 10% de las personas que sufren un accidente en actividad deportiva. Se vislumbra por tanto que unas 2.500 personas sufren accidentes de mayor o menor gravedad. ¡Y solo en la campaña estival!

La guinda de los datos más preocupantes surge al abordar la cuestión de las actividades guiadas: más del 30% de los encuestados atendidos por los servicios sanitarios participaba en una actividad guiada por una empresa o un profesional del turismo activo. Otra muestra más de que algo no se está haciendo bien en nuestro sector turístico.

Finalmente, otro de los datos que más debe hacernos reflexionar es el alto número de menores lesionados (un 14% del total de los encuestados); este porcentaje aumenta hasta un 32% en la horquilla de los menores de 25 años. Fallamos por la base y es un déficit que difícilmente recuperaremos en el futuro.

Si aspiramos a que nuestras montañas sean el motor turístico que pretendemos, tanto las instituciones públicas (muy especialmente) como las privadas, han de comenzar a plantearse que a la oferta de comunicaciones, gastronomía, hostelería, cultural, … hay que añadirle seriamente una política de ocio deportiva que vaya más allá de la creación de instalaciones e infraestructuras, y englobe a los profesionales implicados, aspectos formativos y de prevención, mecanismos de supervisión e inspección, y una especial sensibilidad por la seguridad global de los visitantes.

Tenemos ejemplos, y hay procesos en funcionamiento, que están demostrando aciertos y errores en la seguridad en el medio natural. Solo queda ponerse decididamente manos a la obra. No se entiende, ni puede ni debe aceptarse, que la prevención siga siendo una asignatura pendiente.