Katia Acín, o esto no es una necrológica (Fundación Ramón y Katia Acín)

Cuando la gente es vida no cabe más que aupar la vida y no florear la muerte. Toda la familia de Ramón Acín y de su compañera Conchita Monrás representan esa energía. Va en el gen, y en el concepto.

Quien escribe esto lo hace con corazón y con cabeza. Soy Emilio Casanova, quien hoy, junto a Vicky Calavia, os enviamos noticias y administramos la web de la Fundación Ramón y Katia Acín.

Pero permitidme a todos que firme y afirme estas palabras en el décimo aniversario de la muerte de una mujer buena, vital y luchadora.

Soy productor de audiovisuales. Y en 1988 realicé un pequeño pero hermoso trabajo sobre Ramón Acín. Se trataba de la animación sobre una serie que Acín había pertre-chado acerca de las corridas de toros, “Las corridas de toros en 1970” publicada en 1923 aunque realizada dos años antes. Con motivo de la presentación, en la Diputación de Huesca, en la exposición organizada por Manuel García Guatas (pieza fundamental y originaria de la recuperación de Ramón) que homenajeaba el centenario del nacimiento de Acín conocí, un pequeño rato, a las niñas ya mayores de Ramón Acín y Conchita Monrás, encantadoras y cálidas: Katia y Sol.

Pasó el tiempo sin tener más relación y once años después (finales de 1999) me propuse hacer un documental sobre Acín. Sol había dejado esta vida nuestra y me puse en contacto con Katia. A principios de 2000 la grabamos en Altafulla, en casa de su hija Conchita y su marido Luis.

Tras un templado contacto la temperatura fue caldeando un todo. Lo grabado, pero sobre todo lo hablado, provocaron un cambio de orientación. No era un documental, ni corto ni largo, era excavar todo, sacar todo a la luz de todos. Y a partir de ese momento comencé a tener una relación continuada y gloriosamente extenuante con Katia y con toda la extensa familia que llevaba detrás y delante. No podéis imaginar cómo era y la vitalidad que tenía.

Katia Acín murió el 14 de diciembre de 2004. Vio y tocó el recuerdo y la reivindicación de la vida de sus padres: 5200 documentos o algo más que daban valor a la vida y la lucha por una sociedad mejor. Los que hicimos esto -La Línea Sentida-, que hoy está instalada en la web de la Fundación (Jesús Lou, Vicky Calavia y un servidor) concebimos que la niña Katia consiguió lo que quería: recuperar la historia y regalarla a todos.

Falta decir algo fundamental. La niña Katia (y también su hermana Sol) no solamente luchó por sus padres. La historia la llevó por caminos duros y lejanos a su puerto. Pero se vengó haciendo lo que tenía dentro. Acabó realizando unas series de grabados de una consistencia incontestable. El tiempo iba contra ella. Pero ante una luchadora nata no hay tapia que se resista.

Katia, amiga, gracias.