Música Clásica

Domingo Malo Arilla

Aficionado a la música.

Ha pasado el período navideño, en el que hemos disfrutado en la ciudad de Huesca de una oferta de música clásica, tanto pública como privada, muy variada y cuantiosa. Lo primero que me viene a la mente es agradecer el esfuerzo de sus promotores que nos han ofrecido orquestas de cámara y sinfónica, pianistas, agrupaciones corales, sopranos, barítonos y ballet clásico.

Pero, aun siendo solo un humilde aficionado a la música, querría comentar algunas situaciones y circunstancias negativas que he observado en estos conciertos, y sobre todo ofrecer propuestas constructivas, sin ánimo de ofender a nadie, por supuesto. Sólo de aportar ideas.

Tos. Si nos viene de repente la tos (sobre todo en época invernal) deberíamos tener la costumbre de ponernos delante de la boca un pañuelo o las manos, con el fin de amortiguar su sonido. Algunos parece que quieren hacer ver a todo el auditorio que están muy refriados y griposos, con estornudos sonoros y ruidosos, como queriendo poner en valor la acústica del recinto o que el resto del público les compadezca.

Caramelos. Está bien que llevemos caramelos por si nos da la tos durante el concierto. Pero lo deseable es sacarlos del bolso lo más silenciosamente posible, sobre todo si el bolso es de cremallera. En el concierto último del VII Certamen Lírico de año nuevo celebrado en el magnífico Teatro Olimpia, cuando estaba interpretando un aria nuestra prestigiosa y elegante soprano Patricia Seral, y en el momento más delicado del aria, a una espectadora no se le ocurrió otra cosa que, sin tener tos, solo como previsión, abrir su bolso de cremallera, sacar un caramelo, desenvolverlo y cerrar de nuevo el bolso con cremallera. Como por la Ley de Murphy todos los caramelos que se desenvuelven en los conciertos tienen envoltorios ruidosos, me pregunto si no podría hacerse esta operación coinciendo con los aplausos, cuando acaba una partitura o los tres movimientos de otra.

Llegar tarde. En este mismo concierto y en otros, cuando uno llega tarde por cualquier circunstancia que le puede suceder, debería acceder a la sala en el descanso o, como mucho, cuando se produzcan aplausos entre pieza y pieza. El respeto, en primer lugar a los intérpretes y después al resto de espectadores, es esencial en todos los conciertos. Añádese a esto que las dos señoras llevaban tacones, así que la sonoridad de las pisadas era digna de una obra de Wagner.

Fotógrafos de prensa. Hay que distinguir entre fotógrafos y operadores de cámaras de televisión. Los primeros quieren reflejar una instantánea del concierto. ¿No podrían elegir mejor el momento, e incluso aprovechar los aplausos del público?. No, tienen que hacer la foto con su buena máquina digital disparando repetidamente como si fuera una metralleta, justo cuando se está escuchando un minueto, un adagio o un silencio, porque los silencios, los tiempos, también forman parte del concierto.

Sucede lo mismo con algunos cámaras de televisión. Acaban su trabajo silencioso de tomar imágenes del concierto, pero tienen que recoger el trípode ruidosamente cuando se está interpretando una delicada aria en el teatro. ¿No podrían esperar a realizar esta operación de recogida coinciendo con los aplausos, cuando acaba una partitura o los tres movimientos de otra?

Apretones fisiológicos. En otro concierto, una señora tuvo que ausentarse, al parecer para ir al baño, y no se le ocurrió otra cosa que en plena interpretación de la orquesta levantarse, subir las escaleras y salir, para regresar minutos más tarde, también en plena representación, abusando de los nervios del resto de espectadores. ¿No podría hacer esta operación coincidiendo con los aplausos, cuando acaba una partitura o los tres movimientos de otra?

Canturrear. Cuando una orquesta interpreta una partitura muy conocida, como por ejemplo El lago de los Cisnes, o un vals de Strauss, habría que evitar canturrear (cantar a media voz) para no herir la sensibilidad, molestar e interrumpir la concentración de los espectadores más cercanos.

Todos estos casos son verídicos, así que se me ocurre hacer una propuesta a todas aquellas entidades que organizan conciertos de música clásica, a las que estaremos siempre muy agradecidos, sería la siguiente: un minuto antes del comienzo debería salir al escenario una persona de la organización, que mostrara, también en silencio, los símbolos de teléfonos móviles, caramelos, tos y silencio para recordar a los espectadores que nos disponemos a disfrutar del esfuerzo y las habilidades de músicos y cantantes, los verdaderos protagonistas de estos conciertos.

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