“Si el cuartel cierra, yo me voy al paro”

David Bordás es uno de los cientos de trabajadores del Acuartelamiento Sancho Ramírez de Huesca. Lleva 12 años trabajando como cocinero en el cuartel a través de una contrata. Si llega el momento del cierre, él se irá al paro. La suya es una de las cientos de historias que hay en el cuartel, pero refleja una realidad: si desaparece el Sancho Ramírez, serán muchas las personas que irán al paro, otras tendrán que cambiar de ciudad para trabajar, y muchos niños, además tendrán que cambiar de colegio.

El caso de Rosa Giménez es diferente, ella es funcionaria del Estado. Cuando llegue el día, será reubicada en otro puesto en Huesca, pero pese a tener su trabajo asegurado no quiere que se cierre el cuartel. Tendrá, dice, una gran afección para la ciudad, tanto a nivel social como económico. Y no quiere ver cómo la capital altoaragonesa sigue perdiendo población.

Otra parte importante de la vida del cuartel son los niños, los hijos de los militares. Tendrán que cambiar de colegio, un trastorno mayor si el cierre se produjera a mitad de curso. Se calcula que podrían perderse el equivalente a dos vías de un colegio. Los más afectados serían el Pirineos-Pyrenées, Alcoraz y Juan XXIII.

Estos testimonios los recogíamos este viernes en la recogida de firmas que la Plataforma en Defensa del Cuartel Sancho Ramírez organizaba en Huesca, una recogida a la que asistían representantes de todos los partidos políticos del Ayuntamiento de la ciudad, escenificando así la unión que existe en la sociedad oscense frente a la decisión del Ministerio de Defensa de cerrar el acuartelamiento a lo largo de 2016.

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