Los futbolistas que no amaban a las mujeres

Ilich Ajates Meca

Estos días ha trascendido a la opinión pública en los medios de comunicación la actitud de determinada afición de un equipo de fútbol que, más allá de una simple justificación, aplaude y vitorea una conducta de violencia de género con insultos a la víctima y el “reconocimiento popular” al presunto agresor.

A nadie se le escapa que el espectáculo futbolístico, en sí mismo, muestra en no pocas ocasiones conductas antideportivas, violentas e intolerables entre los propios deportistas, que a veces son fruto de la cobertura mediática de determinadas competiciones que obedecen a intereses puramente económicos, normalizando situaciones que deben abordarse por contribuir a la erradicación de los fundamentos de la práctica de deporte. Así, amaños de partidos, agresiones a árbitros, actitudes racistas y antideportivas y, ahora también, el escarnio público de una víctima de violencia de género, demuestran lo necesitados de civismo y deportividad de que están determinados deportes. Pero no nos engañemos, el deporte en este país suele dejar bastante visible el monopolio de su práctica a los hombres, en todos los ámbitos. Y es que no recibe la misma cobertura mediática una ganadora olímpica que un determinado equipo de fútbol masculino.

El mundo del deporte no es una excepción a la desigualdad existente entre hombres y mujeres en el día a día, es la personificación de la sociedad machista en la que vivimos, que es capaz de protestar al unísono y de forma enérgica por la falta o penalti cometidos por un jugador rival y que permanece impasible ante cánticos que no solo humillan a sus destinatarios, sino que avergüenzan a quien escribe, como a otros muchos, quienes no viéndose reflejados en estos futbolistas o pro - futbolistas que no aman a las mujeres, exige que se actúe de forma contundente desde todos los ámbitos para erradicar lo que a mi juicio es una manifestación intolerable de machismo y de violencia gratuita en un acto que debería inspirarse en la esencia del deporte, la participación y el trabajo en equipo. Pero, ¿qué se puede esperar de una sociedad que se adormece cuando se celebran grandes partidos, como si estos fueran la cura de todos sus males? Mi respuesta: “esto es poco”.

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