Censura previa

Ilich Ajates Meca

La actual situación social que atraviesa el país demanda que los medios de comunicación sean capaces de transmitir al conjunto de la ciudadanía, de manera objetiva, al margen de intereses políticos y económicos, todo aquello que ocurre a su alrededor y, de alguna manera, puede influir en sus vidas. Una ciudadanía mal informada o a la que le llegan noticias poco objetivas es una sociedad cómoda para los poderes públicos, conscientes de que incomunicados con lo que ocurre a nuestro alrededor, seremos un rebaño fácil de dominar y de llevar por el camino que unos cuantos poderosos quieran.

Pero las gentes, ávidas de noticias, se rebelan y utilizan las redes sociales para informarse de forma directa y sencilla los unos a los otros de aquello por lo que realmente sienten curiosidad o necesidad perentoria de conocer. Hemos de recordar que, pese a lo mal que sientan al Gobierno estas redes sociales y algunos y algunas periodistas, nos encontramos amparados por el derecho fundamental (Art. 20.1 a) y d) CE) a comunicar y recibir información, siempre que esta sea veraz y no atente el derecho al honor de terceras personas. Y es en esta base, en el reconocimiento de un derecho natural de los hombres y mujeres previo a cualquier reconocimiento estatal y constitucional, en la que se asientan los cimientos de una sociedad bien informada, y dada cuenta del interés general que la profesión periodística persigue y trata, debe finalizar la destrucción de empleo en un sector muy castigado en los últimos años, resultado de las políticas de las empresas editoriales que solo parecen perseguir intereses empresariales, económicos y, en algunos casos, también políticos.

No olvidemos que estos profesionales también son ciudadanos y ciudadanas y seguramente necesitados de la verdad que nosotros ansiamos, han decidido trasladárnosla desde su humilde y provechosa labor. Este es mí rendido homenaje para los y las periodistas de Heraldo de Huesca y para todos aquellos y aquellas periodistas que un día comenzaron a sentir que su función se desnaturalizaba mutando, convirtiéndose en meras cifras, padeciendo la precarización de un sector tan necesario como útil.

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