Autopistas eléctricas: oportunidad o afección al medio ambiente

Las interconexiones eléctricas entre Francia y España con la Sabiñánigo-Marsillón, entre los proyectos a estudiar tras la firma de los presidentes de España, Francia y Portugal, ha vuelto a generar el debate de estas infraestructuras. Mientras el consejero de industria hablaba de no dejar pasar esta oportunidad, hay colectivos y formaciones políticas que muestran su rechazo.

Chunta Aragonesista es ejemplo de esto último, recientemente ha mostrado su oposición a este  nuevo proyecto de "autopista eléctrica" que pretende atravesar el  Pirineo aragonés. "Aragón solo cuenta para el Estado español para utilizarnos en  su provecho, de nuevo para la producción de energía, como sucedió con  la hidroeléctrica, pero qué poco le importan las conexiones con  Francia ferroviarias como el Canfranc o las carreteras", afirma el  diputado de CHA por el Altoaragón, Joaquín Palacín.

"Y lo peor es que cuenta con el total apoyo y la complicidad de este  Gobierno sumiso de Aragón"; Es indignante y desde luego no nos  quedaremos parados para ver cómo de nuevo se expolia y se hipoteca  nuestro Pirineo. Por eso ahora es más importante que nunca aprovechar  la oportunidad de cambio que tenemos en las urnas este mes de mayo.

Un giro hacia una verdadera defensa del territorio, a un proyecto de  Aragón sostenible que no nos use como un mero lugar de servidumbre, de  paso, sin ningún beneficio para Aragón, aclara el diputado de  CHA.

Ha sido todo uno: ser nombrado Miguel Arias Cañete ser nombrado  comisario de Energía y Cambio Climático y que la Unión Europea decida  que sí, que hay que mejorar la conexión energética entre España y  Francia. Rajoy se pone a la cabeza y Rudi , obediente, saltándose los  acuerdos históricos en las Cortes de Aragón que habían rechazado  siempre líneas eléctricas por el Pirineo. Hemos retrocedido en  derechos sociales, educativos, laborales y sanitarios, pero también en  defensa del medio ambiente y esta autopista eléctrica es todo un  ejemplo, concluye Palacín.

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