El Club Montisonense de Montaña, de Las Almunias de Rodellar a Alquézar

Las Almunias de Rodellar

Un numeroso grupo de socios del Club Montisonense de Montaña realizaba una espectacular y larga travesía por el corazón de la Sierra de Guara: de Las Almunias de Rodellar a Alquézar.

Salieron de Las Almunias de Rodellar, previo café y mini almuerzo, para subir por senda a la Collada Colmenares y luego descender fuertemente hasta el idílico Tranco de ras Olas, lugar donde finalizan los divertidos Oscuros del Balced y comienzan (un poco más abajo) los Estrechos. Ahí paraban a almorzar para coger fuerzas para el subibaja que les esperaba por El Zillar de Rufas hasta llegar al barranco Cautiecho. Salvaron la tremenda grieta por el Puen d’as Bruixas y subieron sin descanso hasta el mirador de las Capillas del Cautiecho.

Tras las fotos de rigor y la contemplación del tremendo paisaje que les rodeaba, continuaron la ruta atravesando la cabecera de los barrancos Pallás, Cerigüelo y Viña y pasando justo al lado de la Cueva Enmascarada. En la otra vertiente del río Isuala se iban sucediendo las profundas grietas del Fondo, Juncal, Cueva Cabrito y Alborceral.

Ya por pista, llegaban a la ermita de la Virgen de la Viña, de grandes dimensiones y mejores panorámicas, donde volvían a reponer fuerzas con un piscolabis que les ayudaba a emprender la última subida fuerte de la jornada. Desde esta ermita se pueden emprender varias direcciones, hacia Bierge, Alberuela de la Liena y Radiquero, pero el grupo siguió por pista hacia Alquézar.

Comieron en plena pista, descartando así la primera idea de llegar hasta Basacol, dado que les quedaba demasiado lejos, andaban ya cansados y el hambre apretaba. Cuando encontraron la pista que subía al Mesón de Sevil, la cogieron de descenso y, poco antes de llegar a San Pelegrín, a la izquierda, salía otra que les llevaba a las Balsas de Basacol, donde las cámaras echaron humo. Desde ahí, por la senda que transcurre por el Barranco Payuala, llegaron al bellísimo Alquézar, donde se hidrataron a base de cerveza y refrescos varios en la Escuela Refugio.

Terminaron así una larga jornada de 20,7 kilómetros con un desnivel de 836 metros.

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