Isaac Revah: “Romero Radigales no pasó de largo ante el sufrimiento humano”

Isaac Revah nació en septiembre de 1934 en Salónica (Grecia), en el seno de una familia judía con pasaporte español. En agosto de 1943, a la edad de nueve años, fue deportado, junto a su familia, al campo de concentración alemán de Bergen Belsen. Sólo el empeño del grausino Sebastián Romero Radigales, cónsul de España en Grecia, durante los días del holocausto, hizo posible que más de 600 sefardíes se salvarán de ser trasladados a un campo de exterminio en Polonia y sí repatriados, finalmente, a España. Esta labor, de Romero Radigales, haciendo caso omiso a las órdenes de su ministro de exteriores, le valió ser reconocido, hace unos meses, como Justo entre las Naciones.

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Isaac Revah, en su reciente visita a Graus, con motivo del homenaje al diplomático, recordaba que, desde su llegada a Grecia, el principal objetivo de Romero Radigales fue negociar con los alemanes y con los españoles, con aquellos, para que no deportaran a los sefardíes, y con los su gobierno, para pedir que se emitieran los visados que permitieran repatriarlos.

Revah explicaba que, mientras que España decidía si abría sus fronteras para recibir a los sefardíes, los alemanes optaron por trasladar a más de 300 a un campo de concentración en Polonia. El viaje duró una semana en unas condiciones, recordaba Revah, difícilmente soportables. Mientras Romero Radigales continuaba negociando la libertad de todos ellos.

Finalmente, el 7 de febrero de 1944, seis meses después de la deportación, fueron liberados. Isaac Revah dedicó cuatro años de su vida a contribuir, con esfuerzo y dedicación, al reconocimiento de Romero Radigales como Justo entre las Naciones para lo cual, los telegramas que, durante aquellos meses, se cruzó con sus superiores fueron fundamentales porque sirvieron para demostrar que el cónsul lo había hecho todo sin la autorización del entonces Ministro de Exteriores.

Miguel de Lucas, diplomático español, se preguntaba cómo fue posible el holocausto en Alemania, el país más culto y avanzado, entonces, donde aún así surgió, decía, la llama de la barbarie. En medio de ese horror, los atisbos de luz lo pusieron quienes no decidieron pasar de largo frente al sufrimiento de otros, hoy reconocidos como Justo entre las Naciones.

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