Los municipios de la cuenca del Gállego se quedan de nuevo sin agua de boca

Murillo de Gállego

La lluvia de los últimos días ha hecho saltar de nuevo la alarma. Este miércoles los municipios que se abastecen del Gállego recibían una llamada del 112 para que cortasen, como medida de precaución, la captación de agua del río por temor a la aparición de lindano. Situación que ha generado malestar entre los vecinos afectados tras los mensajes de tranquilidad lanzados por las administraciones en los últimos días.

Desde el Movimiento LindaNO consideran que “no se han tomado las medidas adecuadas por parte del Gobierno de Aragón”. Y cuestionan que los sistemas instalados en los municipios para asegurar la calidad del agua de boca sean suficientes si cada vez que el río baja revuelto los niveles de lindano se disparan. Por ello piden soluciones ya.

Se sienten abandonados y con la incertidumbre de las consecuencias que puede acarrear esta “nueva crisis”, a la espera de conocer los resultados de las analíticas. Al parecer, explica Inés Dewulf, portavoz del Movimiento LindaNo, las lluvias han generado problemas de depuración en el barranco de Bailín.

Un problema de cuya gravedad, critican, todavía no son conscientes las administraciones competentes. Un asunto que está afectando también en la actividad económica de los municipios, preocupados ante el inicio de las vacaciones de Semana Santa, fechas en las que los pueblos alcanzan picos importantes de ocupación.

Afortunadamente, los pueblos cuentan con bastante reserva hídrica no contaminada en sus balsas o depósitos, pero se enfrentan de nuevo a la incertidumbre de cuánto durará este nuevo episodio. El Movimiento LindaNO pide “seriedad, rigor y transparencia de una vez por todas”.

Así mismo, insisten en conocer la situación, los riesgos y las próximas medidas a tomar, “fuera de sensacionalismos y noticias puntuales”. El proyecto de abastecimientos alternativos que prepara el Instituto Aragonés del Agua y que tantas notas de prensa ha generado sigue sin partida presupuestaria, por lo que no se entiende como “una medida adoptada sino como una promesa política”.

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