Tienes nombre de río

.-.-Cristina Pérez Diego.---

Labordeta se empeñó en que un día veríamos una tierra donde pusiera “libertad” y la Ronda de Boltaña venía a recordar que esta “pequeña nación”, que tiene nombre de río, nunca vería el mar si no echaba a andar. Y por si acaso ya dejaban caer que había que ir juntos, porque se oía tronar y eso, en la montaña, es el aviso de que hay que salir corriendo a buscar cobijo.

Yo me pregunto si hemos sabido hacer frente al dragón. Porque el ruido de espadas y la “tronada”, ya se escuchan desde hace tiempo. Como en todo, también aquí depende del lugar donde se vive porque en este planeta aragonés, también hay norte y sur e incluso el norte del norte.

Siempre me he preguntado el porqué de nuestro talante, siguiendo a veces al pie de la letra aquél aforismo de Gracián de “Nunca quejarse. La queja siempre desacredita”. El agua, el Canfranc, los ejes varios, los bienes…son sin embargo gritos que arrancaron de las gargantas más atrevidas hace décadas pero que, por algún motivo, se desoyen y nos hacen sentir invisibles frente a otras comunidades. Quizá la queja se quedó dormida por un tiempo por puro agotamiento y luego volvió a resurgir.

Aunque hoy en día no es tierra de conflictos, no nos olvidemos de que todo empezó en un pequeño reino en la montaña que fue haciéndose grande hasta convertirse en Corona. Este reino sabe lo que cuesta arañar, conquistar terreno, morir a las puertas, ganar para luego ir perdiendo. La historia lo cuenta. Está bien sentirse orgullosos de un pasado que para recorrerlo necesitaba cruzar el mediterráneo, pero yo prefiero sentirme orgullosa de este presente. Me gusta Aragón, no me gustan los tópicos. Quienes nos conocen de verdad al final se olvidan de la “nobleza”, la “cabezonería” o si “maños” o no “maños”. Nada de eso somos. Los aragoneses somos sobre todo ciudadanos que amamos nuestra tierra y queremos quedarnos aquí. Pero para hacerlo sabemos que ahora toca asediar otros muros: despoblación, desvertebración del territorio, huida obligada de nuestros propios jóvenes y más allá de todo esto no existe otro futuro posible: quedarnos, solo quedarnos y vivir en nuestra tierra.

Nosotros ya sabemos que si las campanas tocan a rebato, hay que buscar cobijo. Pero que siempre salimos del refugio reforzados y dispuestos a la queja. Que Gracián me perdone.

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