De dirigir una empresa a verse en la calle

Son muchos los autónomos que desde el inicio de la crisis han tenido que echar el cierre a sus negocios y ver cómo el trabajo y el esfuerzo durante años no han servido para nada. Es el caso de Aurelio, de 46 años de edad, que vio cómo su empresa, una tienda de bicicletas, y su casa eran embargadas por el banco, al no poder hacer frente a los pagos.

Sin derecho a la prestación por desempleo, sin hogar y sin negocio, se vio obligado, hace cinco años, a trasladarse a vivir con sus padres en Burgos donde residía desde hacía 25 años. Aurelio, con un grupo ciclista propio y director deportivo, decidió alejarse de lo que había sido su pasión toda su vida para sumirse en una depresión que le mantuvo alejado del mundo durante un tiempo.

Casado desde hace tres años con una oscense, reconoce que han sido años muy duros, teniendo que recurrir a Cáritas para poder comer. Y es precisamente esta entidad social en Huesca la que, a sus 45 años, le ha dado una segunda oportunidad a través de la empresa de inserción laboral “Carinsertas” donde trabaja desde hace un año y medio en la recogida de la ropa que se deposita en los contenedores.

Su vida, reconoce, ha dado un giro de 180 grados. Y a pesar de las dificultades, asegura estar motivado y agradecido.

Aurelio es un ejemplo más de las consecuencias de una crisis económica que ha llevado a la ruina a pequeñas y medianas empresas. El aumento de la competencia y la bajada de los precios para poder seguir vendiendo fueron claves para el cierre de su tienda a la que había dedicado 17 años de su vida.

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