Gracias a tanta gente buena

Ana Palomera

Gerente aecc Huesca

Hubo un tiempo, hace algunos años, que la aecc se planteó en algún momento dejar de hacer la cuestación, quizá porque sonaba a arcaico eso de “postular” con huchas en la calle, pero acabó decidiendo que seguíamos con ella porque, además de que constituye un ingreso importante para nuestra asociación, forma parte de nuestra identidad. La cuestación fue la primera acción que llevó a cabo la aecc en su fundación en 1953, cuando su actividad se centraba en pagar tratamientos a personas sin recursos, a crear centros oncológicos regionales y a comprar las primeras bombas de cobalto para radioterapia.

A mí, año tras año, me sigue emocionando este día, un día que todos los que formamos parte de este proyecto vivimos como un día de fiesta, un día grande, donde ante todo compartimos, nos mostramos, recibimos….. Un día en el que además de la satisfacción de ver nuestras huchas llenarse de solidaridad y generosidad, recibimos el magnífico regalo de encontrarnos con tanta gente buena, somos unos privilegiados por ello, por poder descubrir en cada nueva cuestación la materia de la que están hechas la mayoría de las personas con las que nos cruzamos el resto de los días sin casi reparar en ellos.

Son grandes, enormes, nuestras voluntarias y voluntarios, muchos de ellos supervivientes de algún cáncer o pacientes en tratamiento activo, o aquellos que nunca tuvieron la enfermedad pero que vienen a arrimar el hombro, y que pasan el día, las horas, de pie, con su hucha en ristre y su ilusión, sin perder en ningún momento su sonrisa a pesar de que en alguna rara ocasión alguien no es demasiado amable. Alguna de esas voluntarias tienen más de setenta años, veinte cuestaciones sobre la espalda, e incombustibles vuelven a coger por la mañana el autobús que les lleva a su mesa para no sentarse ni a comer. 90 voluntarias/os en la calle, sé que se cansan y mucho, y que al final del día recogen sus huchas orgullosos y contentos.

Esa gente buena que forma, y es el alma y el rostro solidario, de las empresas, las administraciones, las entidades bancarias, que se ofrecen a ayudarnos a veces sin que tengamos necesidad de pedírselo, que quieren estar a nuestro lado, aportar su tiempo, sus recursos, sus ganas, contribuyendo a hacer una sociedad mejor.

Tanta gente buena que introduce sus monedas en la hucha, cada uno lo que puede, y que a veces consigue emocionarnos con un pequeño-gran gesto, buena es la adolescente que nos dio los dos euros de su almuerzo diciendo “ya almorzaré mañana”, bueno es el sin-techo que pide a nuestro lado en la puerta de un supermercado y al final del día vacía lo recaudado en su vaso de plástico en una de nuestras huchas. Son buenos todos aquellos que desvían su camino para encontrarse con nosotros en vez de esquivarnos, bueno el chico que mientras yo cruzaba un paso de cebra, paró su coche, bajo la ventanilla y echó un billete en la hucha que yo llevaba como por descuido. Tanta gente buena, que nos da lo que económicamente puede y nos regala su apoyo, su sonrisa o una breve historia, un recuerdo emocionado o su esperanza. Tanta, tanta gente buena que nos hace saber que confían en el trabajo que hacemos en la aecc, que creen en nosotros.

Hasta dentro de unos días no sabremos cuánto dinero hemos recaudado en nuestras huchas verdes para destinarlos este año a investigación (el año pasado fueron 12.000€), pero lo que sí sabemos ya todos los que formamos parte de la aecc, los pacientes, los voluntarios y los profesionales es que hemos recaudado un montón de muestras de apoyo, de afecto y de reconocimiento, un montón de emociones y sensaciones de esas que nos hacen grandes a las personas y que nos llevamos a casa como el mejor de los regalos.

GRACIAS A TODOS

Comentarios