Propaganda electoral

Diego Guallart Gil. Escaños en blanco.

Propaganda electoral. Hoy en el buzón, y como en días anteriores, he vuelto a recoger los típicos sobres, que en vísperas de unas elecciones, suelen llegarnos a los ciudadanos con derecho a voto. Imagino que su contenido habrá sido introducido por una comisión de afiliados, convencidos de sus ideales, habiendo realizado ese cometido con sumo gusto, mientras imaginaban que algún día su nombre aparecería en las papeletas como un candidato más, bien sea de relleno, en mitad de la tabla, o en la cabeza, con lo que supondría eso. Como de costumbre el camino que ha seguido nada más llegar a casa, ha sido la bolsa de papel para reciclar. Lo curioso, es que el sobre, como algunos otros, venía a mi nombre. Entiendo ahora, que los interventores de los partidos, que se sientan en las mesas electorales, o los que pasan nada más cerrarlas, por adquirir, una copia de los resultados del la zona y distrito (que en mi caso supera en muy poco las mil personas) y quizás compararlo si han estado durante la jornada a la vera, de presidente y vocales, con las personas con nombre y apellidos que han acudido a los comicios. ¿Qué les importa a los partidos políticos, a quién se vota en mi calle y las aledañas?.

Evidentemente es difícil saber a quién vota cada persona, pero ahora que nuestra vida está en las redes, sería fácil aproximarse. Si en mi distrito y zona, echándole imaginación saliera una mayoría del partido A, y gobernase el partido B, ¿se interesarían por nosotros?, si hubiera que cambiar nuestras farolas o de cara a las próximas elecciones, nos mandarían más cartas con su programa y sus intenciones. Hasta que punto, tenemos derecho a la intimidad, ¿hasta el punto que el censo electoral es público?. Un amigo me decía, que la campaña electoral, generaba puestos de trabajo, lo puse en duda, y eso que él recorrió en un par de ocasiones la geografía altoaragonesa, con el coche serigrafiado de un partido. Pan para hoy y hambre para mañana, si das de beber al sediento no está mal, pero si le enseñas a hacer un pozo, beberá todos los días.

No les es bastante con las cartas y los altavoces motorizados, que la caja tonta está colapsada por mítines, publicidad y debates inocuos. Todos los candidatos, tras unas siglas, prometen demasiadas cosas, una de ellas la ocupación, pero nadie explica cómo, y si lo hace, falta claridad. Basta con leer los nombres de los partidos, para hacerse idea, de su ideología, conservadores, izquierdas, nacionalistas, y por si acaso, todos se tiran al centro, para pillar votos de la otra acera. Con los nuevos partidos, bajo nombres, si se me permite metafóricos, hay que tomarse la molestia, de escuchar algunas de sus propuestas, para saber por donde van los tiros. Pero todos y cada uno, coinciden en algo, en pedir que se vaya a votar. Solo les falta ponerlo en una ley. Puestos a legislar, ¿por qué no reforman la ley electoral? La idea la tienen, los enrocados en el bipartidismo, no sea que se les acabe el pastel de la democracia, pero no la quieren modificar para que sea justa, para que cada voto valga los mismo, sea del lugar que sea; para que el que vota al partido más minoritario, este representado, o al menos no se repartan los demás sus escaños, sino para eliminar a sus adversarios en una segunda vuelta. “Bendito” país, en el que te llaman votar, pero según sean tus ideales, tu voto termina en manos de otros. Se defienden hablando de igobernabilidad, cuando su nombre es apropiación indebida, legalizada. Si votas en blanco, nulo, te abstienes, o votas a un partido con escasa elegibilidad, por no votar a los de siempre o para protestar, te llevas una palmadita en la espalda de quien es foco de tu malestar. Yo no voy a animar a nadie a que vote, pero si a que denuncie, acudiendo a las urnas, a la clase política, no eligiendo nombres, sí a nadie. Nadie somos muchos, y se pueden convertir en escaños vacios, símbolos del malestar, una opinión de la que no se podrán adueñar con el apoyo necesario. La no toma de posesión, la renuncia a los derechos económicos que conlleva, el voto en blanco computable, el voto apolítico es Escaños en Blanco, y nadie es sus no candidatos.

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