Patrimonio de la Guerra Civil en Huesca

Patrimonio de la Guerra Civil en Huesca

Después de un año de escritos y llamadas al ayuntamiento de Tierz, el camino a las trincheras ha sido adecentado. Cuando Richard Blair, hijo de George Orwell, subía en Barcelona a un avión de vuelta a su casa próxima a Londres, las máquinas comenzaban a trabajar en el acceso a unas trincheras que, quizá en un futuro, también serán reparadas. Si Richard se hubiera quedado dos días más en Huesca, podría haber sido testigo del arranque de las obras. Así, ni vio las obras ni los destartalados parapetos. Trincheras, por otra parte, que bien pudieron haber acogido al autor de “Rebelión en la granja” cuando fue destinado al frente de Huesca tras pasar por Los Monegros. La ruta Orwell debería abarcar, como mínimo, Alcubierre, Tierz, La Granja y Montearagón. Pero entre comarcas limítrofes, según se ve, no funcionan las intersecciones, aunque estén gobernadas bajo el mismo color político, en este caso bisagra del bipartidismo y paradigma del oportunismo, el PAR.

Parece que algunos alcaldes, como el de Tierz, y responsables políticos como el presidente de Los Monegros, no saben reaccionar sino a golpe de titular o de amenaza.

Cuando en Monegros se enteraron de que iba a visitar la ruta Orwell el hijo del escritor,después de cuatro años de no hacer nada en la posición recuperada en la sierra –véase la imagen tomada a principio de mayo-, llevaron de inmediato sacos terreros para tapar la vergüenza de casi un lustro de abandono de un patrimonio que tanto esfuerzo e inversión requirió en su día. Eso, o quizá se movilizaron por puro electoralismo, quién sabe. En cualquier caso, bienvenidos sean los sacos. Ahora solo falta que las brigadas vayan a desbrozar, a reparar los tramos donde la presión de la tierra está a punto de arruinar las estructuras de madera que sirven de contención y sobre todo, a limpiar los aliviaderos para que cuando llueva no se llene de barro el conjunto y lo convierta en un inmundo lodazal, lo que ocurre indefectiblemente. También es necesaria la reposición de la mayor parte de los carteles, en particular el principal, el que recoge textos de Orwell y su fotografía, arruinado desde hace años por el vandalismo y por disparos de escopeta no menos bárbaros.

Y si a todo ello se le suman unas señales homologadas en la carretera, que permitan retirar las ilegibles que se colocaron hace más de diez años, hechas de madera que el tiempo ha dañado irreversiblemente, pues entonces la ruta sí que “lucirá”, como dice una atropellada nota de prensa de la comarca, una rehabilitación digna. Pero para ello es necesaria voluntad política, y en este territorio, solo se gasta tan raro valor en la rentable partida propagandística de los bienes de la iglesia; la historia más reciente provoca sarpullidos en la sensibilidad de los gobernantes.

También dice el deliberadamente confuso comunicado de prensa comarcano, que se ha actuado en san Simón, lo que en sentido literal es radicalmente falso, puesto que en ese monumento fascista, no hay intervención patrimonial ninguna. Sí la hay en el asentamiento del ejército sublevado recreado al pie de la antigua carretera de Zaragoza, pero allí, por mucho que se empeñe el presidente en decir que se ha intervenido, no logrará convencer al que lo visite. La vegetación ha vestido la entrada a las cuevas del mando, se ha merendado la zona de cocinas, aljibe incluido y crece libre por entre la cartelería, lo que, ciertamente, ahorra la visión de unos pedestales que exhiben la podredumbre en que se han convertido los paneles explicativos. Este estado de cosas no parece consecuencia de una intervención decidida ni de un mantenimiento sostenido del enclave, antes al contrario.

Lamentablemente, desde hace demasiado tiempo tampoco hay folletos divulgativos destinados al visitante, ni una web específica para alimentar el interés del turismo cultural por este proyecto que, si es conocido, encuentra el reclamo en las conversaciones de vermú, antes que en los programas de promoción. Como le ocurre también a la recuperación materializada en Tardienta, en la posición Santa Quiteria, donde su alcaldesa saliente, nunca llegó a colocar los paneles en los hitos

correspondientes, salvo uno ya completamente arruinado, ni a editar un maldito folleto propagandístico. ¿Cabe más desidia en una actuación patrimonial?

En cuanto al Centro de la Guerra Civil de Robres, poco esfuerzo inversor exhibe producto de los miles de euros que asegura la comarca haber gastado. Quizá en nóminas, luz y gabelas varias se hayan ido los cuartos, pero en adquirir piezas, documentos o materiales no habrá sido, ya que desde su forzada reapertura en diciembre de 2011, este espacio que atraviesa una vida lánguida, no ha incorporado ni un botón de miliciano, salvo una raquítica y residual exposición, procedentes de una muestra mayor, como fue el “Museo de la posguerra”.

Tampoco este centro ofrece al público su incipiente biblioteca de obras relacionadas con la contienda, ni las traducciones al inglés realizadas por una acreditada profesional e historiadora. Cabe decir, que todos los textos contenidos en el recinto fueron trasladados al inglés, merced a un empeño divulgativo auspiciado generosamente por la Orwell Society -a la que en su visita del sábado 16 de mayo, no se le perdonó el euro y medio de entrada-, y entregados los materiales a los servicios comarcales hace seis meses. No obstante, el “indignado” presidente de Los Monegros asegura que en la actualidad “se están traduciendo al inglés, para facilitar la visita a los turistas anglófonos”, vaya caradura.

Robres es un pueblo curioso, paradójico, en el que convive el centro de interpretación que tanto disgusto viene causando a su recalcitrante alcalde desde que se proyectó, convive, digo, con la placa de los caídos por Dios y por España que luce, esta sí que luce en todo su esplendor, en la fachada de la parroquial. Placa que incumple la Ley de la Memoria Histórica, como ha venido reiterando el Defensor del Pueblo, al que me tuve que acoger ante el silencio administrativo a mis requerimientos al equipo de gobierno municipal, el PAR, y al grupo de oposición, el PSOE, a fin de que fuera retirada. Casualmente en la comarca gobiernan juntos, quizá por eso ni uno ni otro han manifestado intención alguna de eliminar esa rémora franquista. Ahora se escudan en la Iglesia para eludir responsabilidades. Con todo, algo lograron las quejas, ya que el concejo se vio amargamente obligado a democratizar el callejero, eso sí, también a instancias del Defensor del Pueblo.

En fin, así están las cosas, y como veo que por aquí hay mucha confusión, retorcimiento, ruido, chapucerías e ignorancia, pues me ha parecido conveniente tratar de hacer un poco de luz.

Víctor Pardo Lancina

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