No hay pintura suficiente para tantas líneas rojas

Por muy poco, muy poco, muy poco informado que usted esté, estoy segura de que por alguna ranura de su radio, alguna imagen de su televisor o paseando la vista de forma rápida por la prensa, se le ha colado está expresión: "hay unas líneas rojas que no vamos a pasar". Y mi compañero de mesa me dice: "no va a haber pintura suficiente para tanta línea roja".

Y va a ser verdad.

Está bien poner “líneas rojas” por dignidad, por coherencia, por solidaridad, por conciencia, por compromiso. Una línea roja es como decir: “yo llego hasta aquí”. Todos tenemos “líneas rojas” que intentamos no llevarnos por delante. Los que están llegando por primera vez a los ayuntamientos nos aseguran que tienen muy claras esas “líneas rojas”. Esa ha sido su propuesta y forma parte del argumento que ha convencido a quienes les han traído desde el día 24 hasta aquí.

Solo que hay ocasiones en las que el horizonte (como dice la canción), el horizonte tiene truco y lo que parece a lo lejos una gran línea roja, al acercarnos se va diluyendo y era el reflejo de una puesta de sol. Pues eso. Hay que tener muy claras esas líneas y, si no son un espejismo, mantenerlas siempre y defenderlas.

El mapa de los ayuntamientos, en una gran mayoría, obliga a conjugar el verbo “pactar” y los emergentes están dispuestos a facilitar la gestión de los concejos siempre y cuando no tengan que traspasar las “líneas rojas” que cada formación se ha impuesto. Está muy bien porque están donde están gracias a que esos trazos los comparten los ciudadanos que les han dado el acta de concejal.

El rojo es el color de la pasión, también el de las señales de “prohibido”, es el rotulador que utilizamos cuando queremos subrayar o enmarcar algo importante. Las “líneas rojas” en política, efectivamente, marcan el borde de un abismo al que no hay que asomarse o rodean un campo que nunca hay que pisar; quizá también interpreten que las “líneas rojas” son algo así como una barrera de protección de que algo no se toca.

Todos tenemos que ponernos “líneas rojas”. Pero que no nos confunda el horizonte que , a veces, “tiene truco”. Si hay “líneas rojas”, mantenerlas hasta el final.

Cristina Pérez Diego

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