Subida del CMM al Ibón del Sen, en el valle de Chistau

Ibón del Sen Club de Montaña Monzón

Un domingo más, la sección de senderismo del Club Montisonense de Montaña era convocada para una actividad en uno de los valles más tranquilos y bonitos del Pirineo. La propuesta era subir al Ibón del Sen, situado a más de 2.300 m. de altitud. Ésta es la crónica de la salida:

“El grupo se dirigía hacia el Valle de Chistau y pasado un kilómetro del pueblo de San Juan de Plan, aparcaron junto a una senda señalizada. Nada más tomar el PR-HU115, el grupo de 16 senderistas se encontraba el Puén Pecadó, un pequeño puente que salva las aguas del río Cinqueta que han tallado una profundísima garganta. Merece la pena ver esta maravilla de la naturaleza.

El nombre de este lugar podría asociarse a la leyenda de que desde ese puente, se arrojaba, antaño, a las personas que habían cometido determinadas fechorías, algo hoy en día inimaginable.

Salvaron las primeras pendientes hasta llegar al Tozal de la Mosquera, desde donde tenían hermosas vistas sobre el valle. El camino se suavizaba pasando junto a unas bordas y prados poblados de florecillas, pero no tardaron en volver a las fuertes pendientes que se hacen de buen andar ya que el terreno está limpio e incluso empedrado.

A partir de ahí, a medida que iban ganando altura, podían disfrutar de magníficas panorámicas casi a todo alrededor; también de sucesivas cascadas de agua y de rincones bucólicos, incluso de la paz de un lugar francamente poco visitado, pues la única compañía que tenían fue un rebaño de ovejas y unos cuantos sarrios y marmotas.

Sobre los 1.900 m. encontraron la única cabaña que podía servirles de refugio, llamada “Las Pardas”, donde el bosque ya había desaparecido, siendo sustituido por el implacable sol y las cumbres circundantes. Era un difícil momento, ya que la altitud y el cansancio comenzaban a hacer mella. El grupo se estiraba y tenían que sacar fuerzas de donde no recordaban tener para, por fin, conseguir el ansiado y merecido premio: las vistas sobre el ibón del Sen.

Era el momento de reponer fuerzas y disfrutar de la maravillosa montaña; sólo cuando estás ahí puedes entender por qué tanta gente quiere subir a la montaña, dejando la comodidad del hogar a cambio de estos minutos de éxtasis. Algunos ponían los pies en las gélidas aguas. Había incluso quien se atrevía a darse un chapuzón que momentáneamente activaba la circulación y hacía olvidar que el calor aprieta incluso en estas altitudes.

Impresionados por el color azul grisáceo de las aguas, a veces plateadas según le da la luz que refleja de las montañas circundantes, volvían a colgarse las mochilas y decían adiós a este circo de picachos y crestas que son las Agujas del Sen, retomando la misma senda de subida con la diferencia que tocaba bajar al valle, donde hacía mucha más calor.

No hay nada como la buena compañía para, una vez en Plan, celebrar que habían conseguido pasar un día de montaña precioso y aprovechado a tope, como les gusta a los senderistas de Monzón”.

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