Grecia no vendió su dignidad

IIich Luis Ajates Meca

Pese al miedo que en los últimos días los representantes del capital habían inoculado en la sociedad europea acerca de si en Grecia ganaba el no en el referéndum, la respuesta que las gentes de este país han dado ha sido contundente y clara. Tal vez sea porque los griegos y las griegas cansadas de un chantaje socio - económico han dicho que no tienen mucho más que perder. Y es que en realidad su negativa al compromiso que se pretendía desde Europa es un síntoma rotundo de la patológica capitalista que atraviesa la Unión.

No, no me refiero, como se pretende mediatizar, a que Grecia sea ahora mismo el problema (salvo para el capital), la enfermedad a sanar se encuentra en la cúpula de organismos internacionales económicos y políticos que no supieron prever ni diagnosticar las enormes desigualdades que se estaban produciendo en determinados países y que eran debidas, en gran parte, a las condiciones leoninas que a algunos de éstos se les imponía pensando en el interés de los que más tienen. Ridículas parecen las palabras del Jefe de la Eurocámara, Martin Schulz, que preocupado tras la contundente victoria del “no” aseveró en medios de comunicación que “Grecia precisará de ayuda humanitaria en poco tiempo”.

Es esta, no nos engañemos, la forma de hacer política que nos ha traído hasta aquí. Grecia está en la situación en la que está antes del referéndum recién celebrado y como consecuencia de su estancia en la eurozona, quedando claro que solo un cambio, que ansía su población por lo que demuestra, puede devolver la tranquilidad y la igualdad a sus gentes. Resultan inverosímiles aquellos que anuncian un desastre griego, pues mientras Grecia se encontraba, complaciente con las medidas que le iban imponiendo, en un cercano 28% de tasa de desempleo, con un nivel de endeudamiento privado mucho menor que el de España, que se encuentra en la cabeza del ranking, con más de un 100% del PIB de deuda…, nunca nadie pronunció nada parecido. ¿Es que la gente de Grecia no tiene derecho a revelarse contra los intereses de unos pocos para priorizar las necesidades de sus gentes? ¿Es que negarse a seguir sometidos a los mandatos del capital (que piensa tanto en el interés común) puede desembocar en un desastre nacional? El tiempo lo dirá.

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