Filológicamente, "las lenguas habladas en la Franja Oriental son variedades catalanas"

Rosa Castañer, profesora de Lingüística General e Hispánica de la Universidad de Zaragoza y especialista en filología aragonesa, afirmaba que, desde el punto de vista filológico, las lenguas habladas en la Franja Oriental son variedades catalanas. No obstante, Castañer señala que la cuestión sociolingüística hace compleja esta situación debido a las posiciones enfrentadas que perviven en la zona: las personas que vinculan su habla con el catalán y las que la consideran independiente del mismo y hablan, por ejemplo, del fragatí o el benabarrense.

Por otro lado, la profesora confirma que en el Alto Aragón hay muchas hablas; algunas están muy vivas y conservadas, y cuentan con “hablantes patrimoniales”. En la zona de la Comarca de la Jacetania, se puede hablar del cheso como habla diferenciada de vitalidad. Por otra parte, hay lenguas de carácter más “minoritario y residual”, como la que se habla en Ansó. También menciona otras del resto del Pirineo como la del Valle de Gistau.

Todas estas tienen elementos comunes, pero otros muy diferenciales. Tanto es así, que la mayoría de las veces se puede considerar que son lenguas totalmente “diferentes”.

Estas hablas nacieron en estos territorios cuando el Reino de Aragón fue extendiéndose hacia el sur, llevando consigo el aragonés. Éste fue perdiendo sus rasgos originarios, llegando así al Valle del Ebro. Por ello, en estos lugares altoaragoneses perviven lenguas o hablas herederas de esos momentos de reconquista.

Así es como el aragonés que llegó al Valle del Ebro sería el que se convertiría, más tarde, en el “estándar y culto” durante el periodo medieval y el siglo XIV; además, la castellanización en este Valle sería “temprana”.

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