Dos montisonenses participarán en la expedición vasco-aragonesa que viajará a Perú en busca de ruinas incas

Los hermanos Janer Moreno, miembros del Club Montisonense de Montaña, participarán en el proyecto “Mars Gaming Expedition 2015”, compuesto por una expedición vasco aragonesa que pretende descubrir una ciudad perdida. Para lograrlo, explorarán durante septiembre y octubre una remota zona de los andes peruanos, el sector occidental de las montañas de Vilcabamba, un área que todavía no ha sido pisada por ningún científico ni alpinista.

El director del proyecto, Miguel Gutiérrez, indicaba: "es nuestra cuarta expedición a la zona y, tras años de recogida de testimonios y el uso de tecnología satélite creemos haber descubierto algunos yacimientos importantes, aunque nada es seguro. En caso de tener éxito, nuestra intención es colaborar con el Ministerio de Cultura de Perú para el registro oficial y la preservación del patrimonio peruano en una zona tradicionalmente olvidada y sometida al saqueo -zanja".

En la empresa colabora, entre otras entidades, el Club Montisonense de Montaña, dos de cuyos miembros, Marcos y Javier Janer Moreno, que gozan de una larga trayectoria montañera, forman parte del equipo explorador. “Nuestra labor -explica Marcos- consistirá en facilitar el acceso del grupo en los pasos de montaña, o aquellos lugares que, dado lo escarpado del terreno, se nos atraganten".

La partida está constituida, de hecho, por un equipo multidisciplinar de siete personas entre los que hay profesionales del área audiovisual (Rafael Gutiérrez y Aitor González de Langarica), historiadores (Miguel Gutiérrez Garitano y Silvia Carretero Gómez), médicos (María Valencia Basaldua) y alpinistas (hermanos Javier y Marcos Janer Moreno).

Historia llena de misterios

"Nuestro objetivo principal es ahondar en el conocimiento de la historia del antiguo Reino de Vilcabamba", asegura Miguel Gutiérrez. El reino de Vilcabamba fue fundado en 1537 por el emperador Manco Inca. Tras ser expulsados de Cuzco por los soldados de Pizarro, los ejércitos de este soberano, se refugiaron en las altas selvas del Antisuyo, la más remota frontera del imperio; allí, entre altos pináculos y selvas impenetrables los últimos guerreros de la que fuera la mayor nación indígena de América del Sur se hicieron fuertes en torno a la ciudad de Vilcabamba, cuyo nombre, con el tiempo, se hizo extensivo a toda la región montañosa.

Todavía hoy la cordillera de Vilcabamba es uno de los lugares más salvajes y menos explorados de Perú; a pesar de que sus estribaciones comienzan a unos cien kilómetros al noroeste de Cuzco, sus enormes farallones (con 5 cimas que superan los cinco mil metros y cuya cota más alta es el cerro Salcantay, de 6.271), selvas, barrancos y cañones, convierten el territorio en una tierra dura y hostil, aislada del exterior durante toda la estación húmeda y donde, a menudo, el único medio de comunicación viable es el mulo o el caballo.

La presencia esporádica de guerrillas narcoterroristas en la zona, además de su carácter agreste, explican por qué quedan amplias zonas blancas sobre el mapa de la región.

Preservar un rico patrimonio

El proyecto Mars Gaming Expedition 2015 pretende explorar amplias zonas de selva de montaña en busca de ruinas con la intención de registrar su existencia en el catastro del Ministerio de Cultura de Perú y como paso previo para un proyecto más amplio y ambicioso de estudio arqueológico (prospección superficial intensiva) que pretenden consensuar con el Gobierno de esa nación.

Otras zonas de la región ya han sido prospectadas por arqueólogos que han descubierto recintos rituales, baños, carreteras, etc., de origen inca y preinca, por lo que se sabe que la zona goza de gran presencia de restos antrópicos precolombinos. La intención final es la preservación de un patrimonio expuesto al expolio, como ya ha ocurrido en numerosas ocasiones en zonas similares donde la presencia de las autoridades peruanas es escasa o inexistente. "Al objetivo cultural -añade Marcos Janer Moreno-, añadiremos el objetivo alpinista de ascender a varias cimas vírgenes de más de 4.000 metros, pues consideramos que, la exploración de un área montañosa virgen, es una enorme experiencia en sí misma".

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