El Club Montisonense asciende el pico Cuculo

Coincidiendo con la llegada del otoño, el grupo de Senderismo del Club Montisonense de Montaña organizaba una subida a un pico situado en la Sierra de Santo Domingo, al sur del valle del río Aragón. Una cima que se encuentra en la punta septentrional de la sierra, que para conquistarla, ascendían por el bosque del entorno protegido de San Juan de la Peña. Ésta es la crónica de la jornada que envían desde el club.

“Partimos trece senderistas del punto en que el barranco de La Carbonera cruza la carretera, es una selva de pinos, abetos y hayas que empiezan a tomar color otoñal; todo ello enmarcado por las grandes murallas de roca conglomerada.

Subimos una fuerte pendiente y a mitad de ascenso empieza a llover. De momento nos protegían los grandes árboles de las finas gotas, pero llegando al collado Betito comprobamos que allí el viento era mucho más fuerte, así que nos resguardamos en el hayedo y comimos un poco para afrontar el tramo final con más energía.

Una vez hecha la paradita, pasamos del collado a la loma cimera donde la lluvia y el viento nos azotaban, y de qué manera, sin conseguir que desistiéramos de nuestro empeño. Sabíamos que el pico estaba cerca, así que en poco tiempo logramos el primer objetivo.

Ahora tocaba descender al collado para dirigirnos hacia la Ermita de San Salvador, y el pico del mismo nombre. Parecía que el tiempo mejoraba mientras los árboles nos cubrían, siguiendo la senda que sube a este privilegiado mirador, haciendo fotos y viendo que hay bastantes setas de distintas variedades. Pero en cuanto alcanzamos la cresta, de nuevo nos encontramos con el temporal de sur, que hizo que nos resguardásemos en el interior de esta pequeña ermita ya que en la calle no se podía estar. Dentro de ella existe una hermosa talla a modo de retablo, copia de la original que se conserva en Santa Cruz de La Serós. Este lugar servía también de refugio a los peregrinos del Camino de Santiago.

A continuación descendimos por la pista hasta el Monasterio nuevo de San Juan de La Peña, donde la lluvia no dejaba de caer, así que no pudimos quedarnos en las praderas que circundan este histórico edificio. Nos resguardamos dentro y comimos un poco mientras nuestras ropas se secaban.

Concluimos la andada pero no así la visita, ya que la mayoría nos quedamos a ver el Monasterio Viejo de San Juan de la Peña, cuna del Reino de Aragón y lugar histórico por excelencia, cuya situación perfectamente mimetizado bajo una gran roca en un entorno natural fabuloso, potencian si cabe los incalculables valores de sus esculturas, pinturas y otros elementos prerrománicos, destacando el claustro como uno de los lugares que no debemos dejar de ver en nuestras vidas.

Con los ánimos exaltados de tantas cosas que vimos, todavía hicimos una parada en Santa Cruz de La Serós, donde entramos en el monasterio femenino de Santa María y la Ermita de San Caprasio, magníficas construcciones románicas."

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