Huesca también celebra los días mundiales de la Alimentación y la Erradicación de la Pobreza

Cada 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, que fue establecido por la FAO en 1979, y el 17 de octubre, se conmemora el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, desde 1993. Este año, ambos acontecimientos tienen un significado especial, porque se celebran tras la reciente aprobación, por la Asamblea General de la ONU, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para los próximos 15 años, que vienen a reemplazar y llevar adelante los Objetivos del Desarrollo del Milenio establecidos en el año 2000.

En Huesca, desde Cáritas, el año pasado se destinaron a los programas de Acogida, Promoción, Inserción laboral y Personas Sin Hogar más de un millón y medio de euros, de los que fundamentalmente se beneficiaron personas con dificultades económicas, en pobreza extrema o en riesgo de estarlo. Además, dentro del programa de Cooperación Internacional, se invirtieron 12.000 euros en un proyecto de Senegal, centrado en la seguridad alimentaria de una comunidad de mujeres agrícolas de Ross-Bethio.

Las entidades que integran “Enlázate por la Justicia” continúan trabajando juntos para erradicar el hambre y la pobreza. En Huesca, las organizaciones que forman parte de esta red de colaboración y trabajo son: Cáritas, Confer, Conferencias de San Vicente de Paúl, Cruz Blanca, Delegación de Misiones, Entarachén-Vols, Fundación Juan Bonal, Manos Unidas y Serso Aragón.

Estas entidades, con un significativo recorrido en la lucha contra la pobreza y el hambre, invitan a todas las personas y organizaciones (cristianas y no cristianas) a alzar la voz para que no se silencie que tres cuartas partes de la humanidad no tienen sus necesidades básicas cubiertas y que unas 800 millones de personas pasan hambre crónica en el mundo.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce, en el artículo 25, la alimentación como un derecho humano universal. Establece que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”.

Las principales causas de la inseguridad alimentaria son la falta de recursos para los pequeños productores (42%), la baja productividad agrícola (36%) y el impacto del cambio climático (34%). Un estudio sobre seguridad alimentaria realizado por Cáritas Internationalis, resultado de la campaña “Una sola familia humana, alimentos para todos”, demuestra que la mejor forma de acabar con el hambre es apoyar a los pequeños agricultores mientras tratan de adaptarse.

El 78% de la población mundial en situación de pobreza extrema viven en zonas rurales, donde la agricultura es la principal fuerza impulsora de la economía rural, y en las que en general no existe programa alguno de protección social. Se trata de productores de subsistencia, agricultores familiares o trabajadores agrícolas sin tierra que dependen exclusivamente para alimentar a su familia de sus propios recursos, los cuales son, con frecuencia, insuficientes para resistir situaciones de malas cosechas, emergencias y crisis.

En cuanto a los índices de pobreza extrema, se han reducido a la mitad desde 1990, pero todavía viven en pobreza extrema 836 millones de personas. La pobreza no sólo se refiere a la falta de ingresos para garantizar unos medios de vida sostenibles, también al hambre y a la malnutrición, al acceso limitado a la educación y a los servicios básicos, a la discriminación y a la exclusión social, entre otros factores.

Con el fin de hacer frente a estas carencias mundiales, las Cáritas nacionales invirtieron una media de 1,78 millones de dólares en materia de seguridad alimentaria en 2013, en sus propios países. En total, se invirtieron 141 millones de dólares a nivel nacional en programas para abordar el hambre y la seguridad alimentaria.

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