Dos montisonenses participan en el descubrimiento de un importante centro ceremonial inca en los andes peruanos

Los hermanos Janer Moreno (Marcos y Javier), miembros del Club Montisonense de Montaña, han participado en el proyecto “Mars Gaming Expedition 2015”, compuesto por una expedición vasco aragonesa que acaba de hallar unas ruinas, desconocidas hasta ahora para la ciencia y localizadas mediante una investigación que incluyó el recurso a técnicas de teledetección. Estarían relacionadas con el Reino incaico de Vilcabamba.

Entre las evidencias descubiertas estarían las que demostrarían la existencia del rito de la Capacocha, o sacrificios humanos en la zona alta del santuario, lo que según los expertos sería un hallazgo revolucionario. Los miembros de la Mars Gaming Expedition han localizado además otros supuestos yacimientos entre los que destaca una necrópolis inca con decenas de tumbas situadas en cuevas.

El hallazgo ha sido protagonizado por un equipo de científicos e investigadores dirigidos por el escritor y explorador Miguel Gutiérrez Garitano y por su hermano el fotógrafo Rafael. Ambos yacimientos estarían ubicados en el distrito de Vilcabamba, provincia de La Convención, departamento del Cusco; aproximadamente a 150 km en línea recta al noroeste de la ciudad del Cusco.

El proyecto (que se ha realizado bajo el paraguas y la colaboración de entidades como la empresa Mars Gaming, la Asociación Africanista Manuel Iradier, la Sociedad Geográfica Española, el Club Montisonense de Montaña y el Club de Montaña Bardulia) para descubrir las ruinas -que ha durado cuatro años- se llevó a cabo durante tres fases bien diferenciadas: la primera se basó en un estudio de las fuentes del siglo XVI además de los reportes de los viajeros modernos hasta la actualidad; de esta fase se ha encargado Miguel Gutiérrez Garitano junto con su hermano Rafael Gutiérrez Garitano (codirector del proyecto) y con ayuda del resto de integrantes del equipo.

Después vendría la prospección mediante técnicas de teledetección a cargo de los profesionales Iñigo Orue (arqueólogo) y Rut Jiménez (geóloga), con la asistencia de Miguel Gutiérrez Garitano (encargado de delimitar el área a analizar) y la arqueóloga y documentalista Silvia Carretero Gómez.

Finalmente vendría la exploración de las áreas delimitadas, a cargo de un equipo liderado por Miguel y Rafael Gutiérrez Garitano y conformado por dos alpinistas del Club Montisonense de Montaña, los hermanos Marcos y Javier Janer, el cineasta Aitor González de Langarica, la historiadora Silvia Carretero Gómez y la médico de expediciones María Valencia Basaldua; también es importante decir que, durante los años 2011 y 2012, Miguel Gutiérrez Garitano se desplazó a la zona junto a su hermano Rafael Gutiérrez Garitano y el montañero Diego Hortas Martínez de Murguía y que durante esos periplos recogieron testimonios de los lugareños además de realizar otras labores.

La fase final del proyecto ha durado en torno a cuatro semanas no exentas de dificultades, ya que, como asegura Miguel Gutiérrez «el fenómeno de El Niño, ha hecho adelantarse la época húmeda y hemos tenido bastante lluvia durante el viaje. Hay que pensar que este se ha dado a mucha altura, casi sin bajar de los 3.900 metros, por lo que el agua y el frío nos han afectado especialmente; otro de los problemas nos lo hemos encontrado en las aldeas de la denominada Zona Roja, que por decreto del Gobierno de Perú está en estado de sitio por la presencia de la guerrilla de Sendero Luminoso y por la presencia de narcotraficantes. Las autoridades de uno de los pueblos nos dijeron que no podíamos explorar las cimas porque según nos dijeron hay minas, guerrilleros y porque el ejército tiene drones sobrevolándolas que podrían confundirnos con senderistas y matarnos. En definitiva, que nos tuvimos que marchar sin poder completar el programa. Pensamos que era mejor gestionar los descubrimientos que ya habíamos realizado, cotejarlos y someterlos al escrutinio de expertos. Y después regresar en junio o julio de 2016 para completar el programa de exploración y tratar de llegar a aquellas supuestas estructuras que no hemos podido explorar. Porque hemos demostrado ya es que nuestro sistema de búsqueda funciona. Hemos establecido contactos con el Ministerio de Cultura de Perú y se mostraron ilusionados y abiertos a colaborar. Por nuestra parte continuaremos esos contactos porque creemos esencial llevar a cabo una investigación más exhaustiva en la zona que incluya prospecciones y excavaciones y pronto presentaremos un proyecto al efecto a las autoridades peruanas; y el asunto urge porque la zona está desprotegida y los yacimientos -tal y como hemos constatado, están sujetos a continuos saqueos. Además, poner en valor estos lugares supondrá un beneficio para las comunidades, pues atraerá el turismo a zonas hoy por hoy depauperadas” -asegura Gutiérrez.

1. Un importante santuario de altura

El principal hallazgo facturado por el equipo de la Mars Gaming Expedition se sitúa en una montaña de casi 5000 metros de altura sobre el nivel del mar. Se trata de la más alta del entorno y está en el área occidental de las montañas de Vilcabamba. «La geóloga del equipo Rut Jiménez apreció mediante imágenes de satélite una serie de recintos rectangulares que podrían corresponderse con edificios -asegura Miguel Gutiérrez-; tras estudiar la formaciones a mí no me cupo duda de que se trataba de una típica estructura inca conformada por un edificio (de 22 metros de longitud) tipo kallanka, acompañado, al menos, de otros cinco edificios más pequeños situados en torno a una plaza o kancha. Se trataba de la clásica distribución adoptada por algunos centros ceremoniales». El trabajo sobre el terreno, esponsorizado, entre otros, por la empresa Mars Gaming, se llevó a cabo a mediados de septiembre de 2015 y se prolongó un mes. «Ascendimos a la montaña, hasta la cima, y recorrimos los puntos más importantes que habíamos fijado mediante técnicas de detección a distancia (hemos descubierto así de 30 a 50 recintos); los resultados dejaron cortas nuestras estimaciones. Pudimos fotografiar numerosos recintos rectangulares correspondientes a edificios probablemente dedicados al culto o asociados a él (como tambos o posadas destinadas al alojamiento de los participantes en los ritos), además de carreteras incas, escaleras y gradas, cuevas acondicionadas, huacas (reliquias en forma de piedra tallada) usnus (plataformas), y numerosas tumbas en la base de la montaña. Toda la montaña se organiza -zanja Íñigo Orue- Como un enorme yacimiento cuyo alcance no podemos conocer hasta que se haya llevado a cabo un trabajo arqueológico de mayores proporciones».

Pruebas de sacrificios humanos

La importancia del yacimiento ha llevado al grupo de expertos a creer que en la montaña se llevaban a cabo rituales muy importantes y que se trataba de uno de los principales complejos sagrados del Reino Neoinca de Vilcabamba, aunque el lugar tal vez tuviera su origen en épocas anteriores; entre los ritos que se podían haber dado estaría el rito de los sacrificios humanos o Capacocha; «Normalmente este tipo de ritual -donde se sacrificaban preferiblemente aunque no únicamente doncellas vírgenes- se llevaba a cabo para prevenir hambrunas, o desastres naturales, en algunos festivales señalados o ante la muerte del Inca, por ejemplo -informa Miguel Gutiérrez-». «Hemos encontrado indicios de que en esta montaña pudo darse el ritual de Capacocha, pues tenemos documentadas dos construcciones adosadas cercanas a la cima, que son idénticas a las aparecidas en el volcán Llullaillaco y que sirvieron supuestamente para preparar a los niños antes del último ritual del sacrificio; construcciones de planta rectangular que están a escasos metros de la cima (a 380 metros). Cerca existe una plataforma de rocas donde podrían estar enterrados estos niños sacrificados. Al menos así lo creemos nosotros y creemos tener pruebas al respecto -asegura Gutiérrez- que, no obstante, reconoce que esta teoría finalmente la tendrán que demostrar los arqueólogos mediante una excavación, ya que su estudio no preveía ninguna intervención física sobre el terreno».

La experta en el mundo andino Carmen Martín Rubio, que es la primera estudiosa de estos temas en acceder al material e información de la expedición, cree que el «hallazgo corresponde a uno de los montes sagrados, llamados entre los incas Apus, y que en él se rendía culto al dios del agua, quien en perfecta conjunción con el dios Sol, el Inti, fertilizaba a la diosa Tierra, la Pachamama, madre de las mujeres y hombres andinos. La presencia de una plataforma en el pico de la montaña indica que, muy probablemente, en periodos de sequía se hayan hecho en ella ofrendas de niños y niñas, llamadas Capacocha, similares a las halladas en el volcán de Ampato en Arequipa y en el de Llullaillaco en Salta, o tal vez se hayan hecho para invocar la protección del Apu cuando los guerreros transitaban por los altos caminos construidos por el Tahuantinsuyo y se dirigían a lejanos territorios con el fin de anexionarlos a su poderoso Estado. El descubrimiento científico de este monte sagrado es muy importante porque, además de guardar tan profundos misterios, que sin duda deben ponerse al descubierto, las estructuras que encierra, desde su base, son solamente comparables a las encontradas en Llullaillaco».

2. Una necrópolis de una hectárea de extensión

El descubrimiento del monte santuario no es el único que se trae en el zurrón el equipo de la Mars Gaming Expedition. También han descubierto una «enorme necrópolis inca de decenas de tumbas situadas en cuevas» sobre una colina de una hectárea a unos 3.700 metros de altitud. Tras examinar una cueva en la ladera de la colina Miguel Gutiérrez descubrió una tumba con dos cámaras sepulcrales en una de las cuales descansaba un esqueleto. «Un examen del terreno con más detenimiento -continúa Gutiérrez Garitano- nos permitió ver que toda la colina está plagada de tumbas similares, por lo que en la colina había una gran necrópolis. Marcamos con nuestros GPS hasta siete tumbas en cuevas, pero sospechamos que son muchas más, diseminadas por la colina y por una vaguada al pie de un acantilado. El conjunto está saqueado desde hace tiempo, pero la extensión del yacimiento nos da esperanzas de que pueda haber alguna tumba intacta». Miguel Y Rafael Gutiérrez Garitano, codirectores del proyecto de la Mars Gaming, piensan que se trata de un lugar muy importante porque dada su extensión podría contener información fundamental sobre los ritos funerarios de los incas de Vilcabamba. «Sabemos que son incas, porque son similares a otros descubiertos en excavaciones anteriores realizadas en otros lugares como Vitco», asegura Miguel Gutiérrez.

Sobre este descubrimiento la experta Carmen Martín opina que «Igualmente me parece muy sorprendente la necrópolis hallada en decenas de cuevas cercanas ya que, salvo algunas excepciones, los enterramientos incaicos solían hacerse bajo tierra. Sólo puedo pensar que, estos muertos pertenecían al reino neo inca de Vilcabamba y que fueron enterrados en cuevas para ocultarlos de la posible vista de los españoles. con quienes los vilcabambinos estaban en guerra, por si en algún momento llegaban a apoderarse de aquellos territorios».

¿Por qué nadie ha descubierto estas ruinas con anterioridad?

En palabras de Gutiérrez Garitano, «básicamente por dos motivos. En primer lugar todo el área está poco frecuentada por científicos desde los años 80, cuando empezó el problema con Sendero Luminoso, que aún continúa. Antes de esa fecha se exploró mucho pero sobretodo la parte oriental de Vilcabamba y no esta región, la occidental, que todavía tiene mucho que ofrecer. Además, la zona principal del santuario está oculto entre barrancos, no se puede ver ni desde las montañas que están en frente». De tal modo que sólo se pude apreciar desde el cielo. «Es -dice Gutiérrez Garitano- como de cuento, el santuario oculto, como en el cómic de "El Templo del Sol de Tintín"». Lo cierto es que tras reconocer las ruinas el equipo ha visitado el catastro de Perú y encargado un mapa y un listado de todos los yacimientos conocidos de la zona. Además de contratar la opinión de expertos. El resultado es concluyente: se trata de yacimientos desconocidos para la ciencia. Por lo que ahora entramos en la fase dos, consistente en implicar a las autoridades peruanas y esperamos que a la Universidad del País Vasco, además de instituciones o empresa para que nos ayuden a estudiar y preservar y estos lugares.

Varios proyectos culturales

«Este resultado ha sido posible gracias a los ciudadanos anónimos que han creído en nosotros y nos han financiado a través del crowdfunding y también a los empresarios valientes y aventureros que nos han esponsorizado» -enfatiza Gutiérrez Garitano. Además del objetivo exploratorio, ya cumplido, los miembros de la Mars Gaming Expedition pretenden llevar a cabo otros proyectos de índole cultural, como un libro (Miguel Gutiérrez Garitano), un documental (Aitor González de Langarica), un proyecto fotográfico (Rafael Gutiérrez Garitano), un programa de recopilación de cuentos y canciones quechuas y en idioma quechua (Silvia Carretero Gómez), publicaciones de ámbito científico (el equipo de arqueólogos y asesores de la Mars Gaming) y un plan de ascensiones en la zona a picos vírgenes (Marcos y Javier Janer Moreno). "Para poder culminar estos proyectos, que creemos que pueden interesar mucho al público, pedimos también ayuda institucional o por parte de empresas privadas" -zanja Gutiérrez Garitano.

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