Que vengan lavados y centrifugados

Cristina Pérez Diego

No sé muy bien por dónde empezar. Estamos a menos de dos meses de las elecciones y a mí no me da la vida para saber cómo van a llamarse todos los partidos, qué siglas nuevas vamos a encontrarnos y, lo más difícil aunque debería de ser lo más sencillo: qué ideas, qué filosofía, qué realidades representan. Fíjense que ya no digo el programa de cada uno que, si hay alguien que es capaz de leerlos todos, podría darnos alguna pista. Hablo sencillamente de quiénes y qué nos ofrecen.

Porque a un partido como Podemos que empezó siendo un rio caudaloso, sorprendente y novedoso, le han ido saliendo por el camino tantos afluentes y, hasta algún que otro pantano, que para cuando llegue al delta, lo va a hacer con las aguas tan mansas que no lo va a reconocer ni el fundador del partido morado. Aunque de aquí a diciembre llegarán lluvias que lo alimenten y recupere su bravura. Seguro.

Necesitaríamos la reflexión de un politólogo, pero para el común de los mortales que habita este país, el análisis es rápido, no sé si certero, pero si contundente: históricamente la izquierda de este país siempre ha estado dividida y ya sabemos que a rio revuelto, ganancia de pescadores.

Los que están en la orilla, aprovechando el revuelo para llevarse a la cesta no los peces, pero sí los votos.

Estos ciudadanos llevamos miles de horas a la espalda ,de escuchar, mirar y analizar. Solo pedimos cordura, que quien vaya a las urnas vayan todos a una y que laven en casa lo que quieran para que lo que nos quieran mostrar sea un mensaje ya lavado y centrifugado. ¿es mucho pedir?

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