Discurso de Carlos Bistuer, presidente de CEOS-CEPYME Huesca, en la clausura del II Congreso Económico del Alto Aragón

Excelentísimas autoridades

Representantes empresariales

Señoras y Señores

Me han pedido brevedad y esto exige precisión. Por ello, voy a centrar mis mensajes en dos cuestiones: la primera de carácter institucional y la segunda sobre tres aspectos concretos de la situación económica. Para terminar, haré unas consideraciones.

DECLARACIÓN INSTITUCIONAL

En el primer aspecto, el institucional, debo constatar un hecho: el éxito de este congreso.

Evidentemente, no me corresponde, no le corresponde al presidente de CEOS-CEPYME HUESCA. Nuestra organización no es piramidal, es una organización en red. Empresas unidas en asociaciones y federaciones forman el tejido empresarial que sustenta la actividad económica. Por tanto, la presidencia en cada momento no es más que el nudo que representa toda esa red. El presidente no es más que uno entre tantos.

Si a alguien hay que adjudicar este éxito es, por un lado, al amplio equipo de personas que con generoso esfuerzo han organizado estas jornadas; por otro, a la treintena de ponentes e intervinientes que de forma igualmente generosa han puesto su conocimiento y su tiempo a disposición de todos nosotros; y por fin, a las empresas e instituciones que con su mecenazgo, en mayor o menor grado, han hecho posible que todo lo anterior se haga realidad. A todos y cada uno de ellos, nuestra gratitud y reconocimiento.

Pero, hay otra cuestión que sin duda trasciende, y es la presencia de todos ustedes, hoy aquí, así como de cuantos acudieron a la cita de ayer. Veo entre quienes nos escuchan, representantes de la práctica totalidad del abanico político, de las administraciones local, comarcal, provincial, autonómica y estatal, a representantes de ONG’s, sindicatos, universidad, en fin, a una amplia representación del entramado social. Y esto tiene un significado: la sociedad civil está viva y con deseos de participación y el conjunto de la sociedad así se lo reclama.

Defiendo la necesidad de una sociedad civil activa, competente y comprometida, con aportaciones sensatas y responsables. Una sociedad civil fuera de las estructuras administrativas y políticas, y alejada de intereses económicos particulares. Que aporte canales de conocimiento, participación, debate y opinión, y que responda a intereses generales. Al final, lo que cada persona llegue a ser, será en gran parte lo que sea capaz de aportar a la sociedad en la que se desenvuelve.

Este es nuestro compromiso: formar parte activa de esta sociedad civil y representar a las decenas de organizaciones que integran CEOS-CEPYME HUESCA, a sus miles de empresas afiliadas, grandes, medianas, pequeñas, y microempresas, así como a los autónomos asociados. A todos ellos les une mucho más de lo que les separa. En nuestro caso, suponen bastante más, mucho más del 50% del censo empresarial. CEOS-CEPYME HUESCA es la voz de esa mayoría del tejido empresarial del Alto Aragón y los compromisos que adquiere son en ocasiones, los de la totalidad de empresas y empresarios, como en el caso de los convenios colectivos.

Para desarrollar esta labor, aplicamos los criterios que señala nuestro Plan Estratégico. Es decir, unidad e independencia, no permitiendo que nuestra confederación se vea inmersa en procesos de disgregación, ni de dependencia económica tal, que haga difícil, si no imposible, defender los intereses generales que representamos.

Solidaridad y transparencia, como exige nuestra implicación en una sociedad desarrollada y la necesaria limpieza de actuación en el seno de la misma.

Y por fin, como no puede ser de otra forma, eficacia y competitividad, ya que ambas son condiciones imprescindibles para un servicio de calidad a nuestros asociados.

En resumen: Nos esforzamos por conseguir

- Unidad e Independencia para nosotros.

- Transparencia y Solidaridad con los demás, y

- Competitividad y Eficacia para todos.

Estos son los principios que nos animan.

CUESTIONES ECONÓMICAS PRIORITARIAS

Analizaremos ahora tres de los principales problemas que amenazan la senda de recuperación iniciada.

Antes de entrar en ello, deseo expresar mi comprensión hacia las personas y empresas que todavía no notan los efectos de este cambio de tendencia. Espero que más pronto que tarde, vean como su situación particular mejora. A ello dedicamos nuestro esfuerzo: a colaborar en que las personas que buscan empleo lo encuentren, las empresas que siguen en pérdidas superen esta situación, y aquellas que todavía están en bases impositivas negativas puedan pasar a contribuir.

Vivimos el proceso contrario al de entrada en la crisis: entonces costaba mucho explicar que la situación se estaba complicando de manera extrema y que los efectos podían ser catastróficos. Ahora cuesta trasladar buenas noticias a quienes no notan su efecto directamente. En cualquier caso, es mi obligación hacerlo, antes y ahora.

En cuanto a los tres problemas que debo señalar:

? El primero de ellos es el paro. No nos consuela la posición relativa de nuestra provincia, sistemáticamente situada entre las diez con menor tasa de España. Al contrario: produce cierto vértigo ver cómo nos acercamos rápidamente a la cifra del 10%.

Debemos dejar de hablar de cantidad y hacerlo de calidad de paro. En nuestra opinión, contrastada en distintos foros, vamos a chocar con bolsas de perfiles inasumibles. Baste recordar que en la última EPA aparecía más de un millón y medio de jóvenes que no están integrados en el mercado laboral y tampoco están accediendo a fases de preparación. Esta situación puede resultar en un paro estructural muy elevado, y tanto gran parte del problema como de la solución tiene un nombre: formación. Somos muchos los convencidos de que se debe apartar el sistema de educación del terreno de la confrontación política. Es un error de primer orden confundir la igualdad de oportunidades con la igualdad de resultados. Hay que aplicar todos los esfuerzos a adecuar los procesos de formación en tiempo y forma a la demanda del mercado laboral. Hay que adoptar soluciones con rapidez, o nos encontraremos ante un escenario que generará grave frustración social por un lado, e incapacidad para cubrir ofertas de empleo, con la falta de creación de riqueza consiguiente, por otro. De hecho, ya se está produciendo esta situación en determinados campos de actividad, como las TIC’s.

Es urgente actuar ya y de forma eficaz.

? La siguiente cuestión hace referencia a la necesidad de que la senda de desarrollo emprendida sea equilibrada. No lo lograremos si somos incapaces de conseguir que un porcentaje de autónomos puedan empezar a contratar, creando microempresas, que parte de estas se desarrollen como pequeña empresa, y que otra parte de las pequeñas den el salto a mediana empresa. El tractor de una economía, y más como la nuestra, es la mediana empresa.

El marco legal, fiscal y a veces hasta social, está enfocado a dificultar, si no impedir, el crecimiento de las empresas. No hay que inventar nada, tan solo aplicar lo que otras economías están aplicando con éxito, y atender las peticiones de empresarios que están en esa situación: creciendo. Estas peticiones son lógicas, son equilibradas y sobre todo son socialmente rentables. De igual forma, hay que facilitar y propiciar la política de alianzas, la cooperación entre empresas de cara a formar unidades de actuación más capaces.

Somos conscientes de que el desarrollo económico es insostenible a medio plazo sin progreso social, pero hemos de tener presente que el progreso social sin desarrollo económico es, sencillamente, imposible y gran parte del peso relativo de ese desarrollo descansa en una red sólida de medianas empresas.

? El tercer y último aspecto que voy a concretar hoy supone, en mi opinión, un riesgo grave para nuestro desarrollo: la deuda externa, hoy focalizada en déficit público.

No contemplamos el déficit público en términos políticos. Para nosotros, es la suma de todos los déficits, sean locales, autonómicos, estatales, provengan de la Hacienda pública o del régimen de Seguridad Social. Todo es déficit y todo se traduce en deuda, a la que en algún momento habrá que hacer frente.

Un ejemplo clarificador: nuestra provincia, Huesca, se encuentra en la parte más positiva de la práctica totalidad de indicadores económicos. Una situación a la que la mayoría de los territorios se esfuerzan en llegar.

Pues bien, nuestra provincia produce un déficit en las cuentas de la Seguridad Social superior a los 145 millones de euros anuales. Gastamos en prestaciones 145 millones más de los que ingresamos por cotizaciones. Se hace imprescindible corregir este hecho con nuevos sistemas de imputación, de reparto de presupuestos, así como variar las fuentes de financiación de cargas sociales.

La posición de nuestra organización con respecto a este problema se concreta en el punto octavo del documento “Quince reformas estructurales” que CEOE y CEPYME ha elaborado y que se está presentando a la totalidad de los partidos políticos que concurren a las próximas elecciones. A dicho documento les remito para conocer el conjunto de las propuestas de las organizaciones empresariales, ya que detallarlo aquí se hace imposible por su complejidad. Con los candidatos de nuestra provincia nos reuniremos para que puedan tener un conocimiento directo de este documento.

En cualquier caso, pensar que el problema del déficit se soluciona subiendo tipos impositivos, creando nuevas figuras o resucitando algunas ya olvidadas, es ignorar que se trata de un camino ya recorrido anteriormente y que conduce al fracaso. Hay ejemplos cercanos y evidentes. El incremento de tasas a carburantes está siendo abandonado por quienes en su momento lo aplicaron, dado que produce el efecto contrario al deseado. Los efectos de una posición gravosa sobre patrimonios que ya han contribuido en su origen o tipos casi confiscatorios sobre sucesiones y donaciones ya han generado éxodo en comunidades muy cercanas. Es decir, ya se sabe lo que pasa cuando se toman determinadas decisiones en el ámbito fiscal, independientemente de los equilibrios políticos que las propicien.

Las cuentas públicas se deberían equilibrar aplicando criterios de sostenibilidad para el gasto por una parte, de eficacia en la administración por otra, incrementando los ingresos mediante una mayor tasa de actividad económica y disminuyendo, si no eliminando, el peso del fraude. A nuestro entender, sea cual fuere la base ideológica de quien tome las decisiones políticas, debería contemplar estos criterios, y después, eso sí, priorizar según sus propias ideas. Es necesario, igualmente, analizar con detenimiento los esquemas fiscales de comunidades próximas que pueden resultar destino de quienes se sientan particularmente agredidos en su propia comunidad.

DESPEDIDA Y PRESENTACIÓN JUAN ROSELL

Para terminar permítanme que comparta con ustedes unas consideraciones, alguna de carácter personal.

Se hace duro insistir en reivindicaciones, en algunos casos literalmente seculares, sobre infraestructuras. Tampoco se entiende el retraso en la ejecución de tramos de inversiones estatales que atraviesan nuestro territorio. Ambas cuestiones son sencillamente inexplicables. Aun así, seguiremos haciéndolo, seguiremos insistiendo, aunque me temo que, en algún momento se hará necesario dar algún paso más.

De igual forma, se hace duro escuchar acusaciones de crear sistemáticamente empleo inestable; no se corresponden con la realidad.

Un dato: a final de 2007, en la provincia de Huesca, el 68,4 % de los contratos en vigor eran de carácter indefinido. Hoy, a finales de 2015, lo son el 77,4 %, casi 8 de cada 10. No se trata de un efecto estadístico; de hecho son 1.200 más de los que había hace 8 años. Son datos oficiales.

Aun así, coincido con quienes plantean la necesidad de un nuevo marco que regule las relaciones laborales. El actual está obsoleto y no responde a las necesidades, ni de los trabajadores, ni de las empresas. Tampoco responde a las características del escenario de salida de la crisis, ni a la realidad de una economía global.

También oigo hablar a menudo de los empresarios, así en conjunto, y en algunas ocasiones, de forma injusta e injustificable. Oigo hablar a quienes, permítanme decirlo, desde el desconocimiento más profundo de la realidad empresarial, de su día a día y del progreso social que genera, solo buscan réditos políticos a cualquier precio. No voy a permanecer callado ante este hecho. No voy a permitir, porque no es justo, que se juzgue al colectivo por la excepción.

Por otra parte, visito a menudo empresas, me reúno con empresarios, conozco sus preocupaciones, sus demandas, su realidad, la fragilidad de cuanto han conseguido, un patrimonio que sigue expuesto al riesgo que la actividad conlleva, provocado en ocasiones por algunas administraciones, con su alta tasa de morosidad en los pagos y su absoluta rigidez a la hora de exigir ingresos.

A todos estos empresarios quiero decirles algo: la verdad no se escucha, la verdad se ve, y lo que escucho no se corresponde para nada con lo que veo, un grupo de personas que aplican un esfuerzo cotidiano al desarrollo de actividades empresariales que, en muchas ocasiones, encuentran más obstáculos de los que sería lógico encontrar, desde cumplir con las obligaciones legales que exige constituir una empresa, pasando por las dificultades que conlleva el día a día del tráfico mercantil y administrativo, por no hablar de los nefastos efectos de una justicia de lentitud exasperante.

Así pues, a todos cuantos desarrolláis tareas empresariales, a todos vosotros, deseo deciros que podéis sentiros orgullosos de lo que sois, de lo que hacéis y de lo que representáis, porque es verdad: la empresa es garantía, casi la única garantía de progreso social.

Espero que estas palabras hayan merecido, al menos, el tiempo que han empleado en escucharlas. Muchas gracias por su atención y su paciencia.

Y ahora, paso la palabra a Juan Rosell, que aportará el análisis del momento político y económico que vivimos, y la visión que completa el recorrido que hoy hemos hecho de la realidad económica desde una pequeña provincia de España, en el sur de Europa, hasta mercados y países lejanos tan solo en la distancia física, en un viaje de ida y vuelta, como corresponde a la realidad económica y social del siglo XXI.

Comentarios