La Diócesis de Barbastro- Monzón celebra el Año Jubilar de la Misericordia con "un día histórico"

La emotividad marcaba este domingo en Barbastro el Jubileo Extraordinario. Era un día para guardar en el recuerdo porque se llevaba en procesión la imagen del Santo Cristo que San Vicente Ferrer dejó en la Parroquia de Graus hace nada más y nada menos que 600 años, al concluir su etapa misionera. La unión de los representantes de las cofradías y de los grupos apostólicos de la Diócesis altoaragonesa sobrecogían a los vecinos con esta celebración en el tercer domingo de adviento. La presencia de niños y jóvenes era uno de los puntos más fuertes de la jornada.

Recordamos que el papa Francisco realizaba el pasado martes en Roma la apertura oficial del Año Jubilar de la Misericordia. Un hecho de vital importancia para todos porque, tal y como recalca el Obispo de la Diócesis de Barbastro- Monzón, Ángel Pérez, “es uno de los momentos en los que tanto creyentes como no creyentes son abrazados por Dios, abriendo la puerta a Dios para toda la humanidad independientemente de las vicisitudes que hayan podido encontrar en sus caminos vitales”. Precisamente por este motivo se entregaba un obsequio a los participantes y asistentes, consistente en una cruz con una llaga marcada, simbolizando “las heridas que todos hemos podido tener pero que cicatrizan en el encuentro con Dios”.

El Obispo de esta Diócesis altoaragonesa, Ángel Pérez, oficiaba la eucaristía a en la Catedral de Barbastro. En la eucaristía participaban, además, con sus cantos los diferentes coros parroquiales de la Diócesis. El Papa ha convocado este Año Santo para toda la Iglesia como un tiempo propicio para que, siendo los creyentes misericordiosos a imagen de Dios Padre, sea así más fuerte y eficaz su testimonio.

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