Vaciemos el Senado

Diego Guallart Gil

Candidato por

Escaños en Blanco al Senado por Huesca.

Ríos de tinta han corrido e infinidad de preguntas se han formulado, sobre el porque de la existencia del Senado en nuestro país. Se le denomina también la Cámara Alta, pero no deja de ser anecdótico, pues la Cámara baja, no

se encuentra por debajo de él, dado que salvo en algunas materias en

la que si están a la misma altura, eligiendo por ejemplo, paritariamente a miembros de la judicatura, la es realidad es que el congreso hace inservible su trabajo. La lógica dicta que si la tarea que alguien ocupa, no es influyente, o bien se prescinde del empleado o bien por honradez esté se despide.

Pero en el caso que nos ocupa nuestros políticos miran para otro lado. Sino no se entiende las candidaturas para el Senado de todos los partidos sigan apareciendo en todas las elecciones generales. No es necesario leerse los programas de los partidos para buscarlo, porque si hablan de la reforma o supresión del Senado, mal empiezan si presentan candidatos para los puestos.

No debemos negar que en el Senado se trabaja: releer leyes, presentar enmiendas, vetarlas, presentar proyectos de ley. Pero para que sirve si el congreso puede hacer, y lo hace, oídos sordos a lo que le llega. No se trata de un problema sobrevenido, ya se dejaron las bases puestas durante nuestra transición para que el Senado no molestase mientras el Congreso realizaba las reformas importantes que tenían que acometer.

Pero tampoco se han cambiado sus atribuciones. Al final, se ha convertido en el retiro ideal para los dinosaurios de la política española y la financiación perfecta para los dos partidos que copan los escaños pertinentes. Viajan a Madrid sus señorías, con una agenda poco apretada, que les permite dedicarse a tareas propias del partido, todo a costa de erario público. En algunos casos, lo senadores ceden parte de su emolumentos a sus siglas. No obviemos unas dietas, que no tienen los pies en la tierra. Se suele decir que hace más el que quiere que el que puede. Nuestra clase política pudiendo hacer las cosas, prefieren no hacerlo, para no perder la parte del pastel que la Cámara Alta les reporta.

Con la llegada de la crisis se han introducido en nuestro vocabulario habitual y en nuestra cotidianidad, palabras como recortes, ajustes, precariedad, hipotecas suelo, concursos de acreedores, ERE's.... términos alejados de nuestra asentada clase política. Ya que ellos no se han dedicado a predicar con el ejemplo, eliminando lo que se sabe innecesario para la ciudadanía, hay que postularse y decidir si les damos un toque de atención, o les dejamos campar a sus a sus anchas por las cortes generales. No vale la abstención, no vale el voto en blanco, ni el nulo,... hasta ese punto lo tienen todo estudiado, que en vez de perjudicarles esas decisiones, les benefician para repartirse los escaños. Aun así nos hablan democracia, cuando se una apropiación indebida.

Puede resultar incoherente que alguien se presente al Senado teniendo unos pensamientos contrarios a la existencia de esta institución. Lo coherencia radica en presentarse para no tomar posesión del cargo, para hacer lo que ellos no están dispuestos a hacer. Si los políticos no quieren suprimirlo, los ciudadanos podemos vaciarlo.

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