La ocasión

Pilar Novales Estallo

Militante de Izquierda Unida.

En esta ocasión, la llamada al “voto útil” no viene sólo del PSOE; viene también de los de la nueva política, de los de “muera lo viejo, viva lo nuevo”. Me sorprende que, a los que dicen (¿decían?) representar a los de abajo, preocupe más el voto a Unidad Popular que el voto a la derecha. Fue necesario romper el bipartidismo para, con envoltura de coleta y soflama, llegar entre otras cosas a esto, es decir, a lo de siempre.

Pero no es mi intención lamentarme de algo a lo que ya estamos sobradamente acostumbrados, que no merece mayor atención. A mí ni siquiera me preocupa. Tampoco me preocupa demasiado que se excluya a nuestro candidato, Alberto Garzón, de los grandes debates televisivos. Eso también lleva mucho tiempo sucediendo, campaña tras campaña, pasaba cuando querían hacer creer que sólo había dos y ahora, con el bipartidismo formal supuestamente roto, sigue pasando, quieren hacer creer que sólo hay cuatro. Es la estrategia de siempre, si dices que votar a determinada candidatura es tirar el voto, o peor, apuntalar al enemigo, o dices que, por irrelevante no tiene sitio en los debates televisivos, lo que persigues es situarlo en la marginalidad, intentar que desaparezca, no importa que ideas defiende ni a que personas representa, que es a quienes en realidad se está menospreciando.

Pero fíjense ustedes, que ni aún así se ha consumado semejante pretensión a lo largo de estos años. Y mucho menos va a ser así ahora; ridículo es pretender borrar la trayectoria militante de las personas que forman Unidad Popular de un coletazo; ridículo es pretender ningunear a un candidato como Alberto Garzón, cuya solvencia discursiva y honestidad moral le sitúa sin buscarlo ni pretenderlo, a kilómetros de las miserias reduccionistas del márketing electoral del club de los cuatro.

Y es que la honestidad nunca puede ser marginal, sólo puede ser protagonista, nuestra sociedad necesita que sea protagonista. No hablo de honestidad a la hora de ejercer un cargo público, de esa honestidad hay ríos de tinta escritos. Hablo de la honestidad que nos permite mirarnos al espejo cada día sin bajar la vista, porque decimos lo que pensamos, porque hacemos lo que decimos, porque no somos demagogos, porque no mentimos, porque no encubrimos nuestra propuesta política de lenguajes engañosos. Porque somos leales a nosotros mismos., requisito fundamental para ser leal con las personas a las que pretendes representar.

¿La izquierda? También, la izquierda sólo puede ser protagonista. Porque la izquierda plantea cosas tan básicas como que el capital sin aplicar trabajo sobre él no es capaz de crear ninguna riqueza (esto lo ha demostrado la especulación financiera, ¡cielos, teníamos razón!); por eso nos obsesiona el empleo y su digna consideración. Cosas tan básicas como que los Estados existen y su única razón de ser es que son de todos, que su función es garantizar los derechos de los ciudadanos, y por eso es fundamental defender lo público, que encarna el principio de solidaridad que nos convierte en sociedad y no en meros individuos solos, inconexos, miedosos, perdidos. Que entregar lo público a los negocios es entregarnos a nosotros mismos como sociedad. Adelgazamiento del Estado, escualidez social. Cosas de este tipo plantea la izquierda, ¿cómo no va a ser protagonista hoy?

Y nuestra forma de trabajar en las instituciones, nuestra forma de estar en ellas, no puede ser sino protagonista. Tanta determinación con nuestros principios como capacidad de diálogo para sacarlos adelante en lo concreto, en lo que al final beneficia a la gente. No nos hacen falta insultos ni descalificaciones, hacemos política con hechos, hechos coherentes con los programas que defendemos. Reconocemos al contrario con la misma actitud con la que nos rebelamos ante las injusticias, desde la radicalidad democrática. No fabricamos dogmas inamovibles, tampoco preparados precocinados de fácil digestión; proponemos realismo, reflexión, cuarentenas para la costumbre, oportunidades para los nuevos planteamientos, para medidas distintas, para cambios reales, sabedores de que no es fácil, de que hoy eso es revolucionario, porque toda reflexión para un cambio apela siempre a la ética, al cuestionamiento de lo existente. ¿Puede acaso la ética no ser protagonista de cambio alguno?

Por todo eso y por mucho más, tanta gente sigue a nuestro lado después de tantos años, y tanta otra quiere sumar con nosotros. Por todo eso, Unidad Popular va a ser una fuerza protagonista el próximo 20 de diciembre. Nos lo dicen los actos abarrotados, nos lo dicen las sensaciones en la calle. Honestidad, izquierda – con todo lo que eso significa y significará siempre - , determinación, democracia para avanzar en igualdad como antídoto de la involución, planteamientos éticos para ciudadanos y ciudadanas conscientes y partícipes de su presente y su futuro. Si no quieres esto, no nos votes, no votes Unidad Popular, no votes Alberto Garzón. Tienes cuatro magníficas candidaturas-espectáculo entre las que elegir; que la suerte te acompañe, que el cambio lo hará en otra ocasión.

Comentarios