La jornada de CEHIMO sobre el casco urbano de Monzón concluye la necesidad existente de revitalización

Pablo de la Cal

Hace unas semanas, CEHIMO organizaba una jornada sobre “Rehabilitación y reactivación de cascos históricos”. Ahora uno de los ponentes, Pablo de la Cal, resume lo que se dijo en la misma y extrae conclusiones, apuntando que la ciudad tiene el apasionante reto por delante de revitalizar su casco antiguo, la zona más sensible de Monzón.

Pablo de la Cal, profesor de urbanismo, abordaba en su charla introductoria el conflicto permanente entre modernización y conservación, que se muestra ya con virulencia en algunas actuaciones de reforma viaria de principios del siglo XX. Por ejemplo, en Barcelona; en concreto, la apertura de una de las grandes vías proyectadas, la actual Vía Layetana, provoca la constitución de la Comisión de Arqueología. Y se resuelve finalmente con un atento proyecto que considera determinados elementos de la ciudad histórica. Y realiza un repaso al hito del Plan de Conservación de Bolonia (Cervellati, 1969) y de los planes de rehabilitación y promoción de vivienda protegida llevados a cabo en los años 70 en este casco histórico. Analiza la figura de Giuseppe Campos Venutti en este Plan, y de manera especial su influencia en los planes en cascos históricos impulsados en los años 80 y 90 en España, que recogen en buena parte las lecciones más importantes de Bolonia (Avance del PGOU de Madrid (1982), los planes especiales en Barcelona, Santiago de Compostela, etc).

En las dos últimas décadas, de la rehabilitación se pasa a la regeneración urbana integrada, en la que los ámbitos de intervención ya no van a ser sólo los centros históricos, sino otros cascos antiguos de nuestras ciudades, como los barrios de las primeras coronas urbanas, con una antigüedad de 80-100 años, o incluso los crecimientos de polígonos residenciales del desarrollismo industrial en España. El caso de la regeneración urbana llevado a cabo en el barrio de La Mina (Sant Adriá del Besós-Barcelona) es paradigmático en este sentido.

Utilizando como referencia algunos planes en los que Pablo de la Cal ha trabajado en los últimos años, presenta el Plan Especial del Casco Histórico de Jaca (1997) como un ejemplo de continuidad en el tiempo, en la inversión, y en la gestión, con un funcionamiento bastante honroso de la Comisión de Seguimiento del Casco Histórico, en la que participan tomando decisiones sobre las acciones a adoptar un número importante de asociaciones vecinales, culturales, empresarios, etc. de la ciudad.

El Plan Especial del Conjunto Histórico de Ejea de los Caballeros pretende resolver una problemática similar a la que aparece en el casco de Monzón, un casco en ladera cuya actividad ha “resbalado” hacia las zonas llanas y amplias de la vega, y que en su lado opuesto tiene un límite urbano claro (el río Arba en Ejea, el castillo en Monzón). En el caso de Ejea, precisamente la resolución de este borde trasero puede ser una palanca para la revitalización del casco.

Y el Plan Especial de Jánovas (2011), que muestra la necesidad de la implicación de los vecinos en la confección del Plan. Y la fuerza de los intangibles al hacer los planes, las referencias aportadas por los vecinos, su memoria, los nombres de las casas y las cosas, la manera de usar los espacios, han sido claves imprescindibles en el caso de Jánovas, en el que los restos edificados quedaban ocultos bajo las hiedras. Una experiencia que puede ilustrar, aunque con las necesarias adaptaciones a las condiciones particulares y a los agentes implicados en cada caso, la manera en la que se deben acometer estos procesos de planeamiento.

Enrique Maya (arquitecto, con una trayectoria profesional dedicada a la rehabilitación y alcalde de Pamplona 2011-2015) mostró la experiencia de Pamplona. Una ciudad de casi 200.000 habitantes, equilibrada en sus barrios, que acumula muchos años de gestión en el casco. Defendió la necesidad de priorizar que los habitantes sigan viviendo en el casco antiguo, y destacó que hay que buscar los puntos fuertes de cada casco histórico y potenciarlos. En el caso de Pamplona este elemento fuerte han sido sus cinco kilómetros de murallas, y éste fue el argumento para exponer las actuaciones llevadas a cabo en los últimos años: el Archivo de Navarra (Rafael Moneo), rehabilitación en el Palacio del Condestable, la pasarela de Labrit, el Molino de Caparroso, el Centro Termal, el Fortín de San Bartolomé….Todo esto acompañado de una política de vivienda alentada por la vía de la subvención (hasta el año 2000 con un 74% de ayuda pública) y de las interesantes actuaciones llevadas a cabo por la Sociedad Pública Pamplona Casco Histórico, acometiendo operaciones que resultan económicamente inviables para la iniciativa privada, con el fin de eliminar la parte  mas degradada del casco.

Enrique Maya expone, siguiendo los planteamientos expuestos en los ejemplos presentados por Pablo de la Cal, que la política de los cascos no debe ser independiente de la del resto de la ciudad, y no debe ser restrictiva, de prohibición. Se pueden plantear nuevos crecimientos en la medida en que puedan reportar beneficios para el conjunto, en que se puedan revertir las plusvalías en la mejora de las zonas consolidadas.

Tras un turno de preguntas por parte del público, los asistentes tuvieron la ocasión de recorrer las calles del casco histórico de Monzón. María Angeles Mur resumió la historia urbana de Monzón ante la maqueta que se expone en una sala del Ayuntamiento, y mostró con pasión las últimas actuaciones de rehabilitación llevadas a cabo, transmitiendo a la vez la preocupación colectiva por un sentimiento de dejadez y de falta de pulso e iniciativa hacia esta parte de la ciudad.

Ya en la sesión de tarde, Isabel Salamaña (geógrafa y concejala del Ayuntamiento de Gerona entre los años 1992-2011) hizo una apasionada presentación de los éxitos y riesgos en los que se encuentra en la actualidad el Casco antiguo de Girona. Comenzó con unos textos de Joaquim Nadal (arquitecto y alcalde de Gerona 1979-2002), impulsor de las primeras apuestas por la revitalización del casco antiguo de la ciudad .En una actuación pionera en España, se llevan a cabo en 1979 los primeros trabajos de limpieza en el río Oñar, para hacer habitable esta parte de la ciudad. Las diversas actuaciones llevadas a cabo con tal propósito han sido todo un éxito, hasta el punto de que la presión sobre el casco, con un número importantísimo de eventos, acontecimientos culturales, se presenta ahora como excesiva, presentando un riesgo de “turistaveneciación”… El objetivo original de conseguir un espacio para los habitantes de Gerona donde pasear, comprar, disfrutar, etc. se ha tornado en un preocupante e imparable proceso de mercantilización del espacio público (terrazas…) y de creciente especulación en materia de apartamentos turísticos, que terminan por expulsar actividades tradicionales y habitantes del casco antiguo.

La presentación de Roberto Ercilla (arquitecto con reconocidísimas actuaciones en el casco histórico de Vitoria) fue un interesante contrapunto a la de Gerona, ya que en Vitoria el turismo no tiene apenas peso específico,y el papel  principal lo juega el ciudadano. Ercilla reflexiona sobre la atracción que ejercen los cascos históricos, debida a su comodidad, a su calidad ambiental, a la escala de sus espacios adecuada a las personas, al tamaño de sus pavimentos, al pequeño comercio… Reconoce los ensanches como modelos urbanos razonables, pero expone que el urbanismo moderno ha evidenciado su completo fracaso en este aspecto, con unas grandes avenidas cada vez más inútiles e innecesarias. 

La personalidad de los cascos antiguos reside en su estructura urbana. Y esto es especialmente claro y rotundo en el casco de Vitoria, una construcción urbana medieval de la loma en la llanada alavesa, con calles que siguen las curvas horizontales de la loma junto con los cantones transversales y los caños, espacios que quedan entre las líneas de edificaciones y que ahora se recuperan como espacios de circulación y convivencia. El desnivel que salvan con fuertes pendientes y escaleras los cantones se resolvió con éxito con una intervención del propio Ercilla, mediante unas rampas mecánicas cubiertas con una estructura de vidrio, que han permitido, sobre todo, una permeabilización y una conexión entre zonas, para superar la condición de espacios guetto, exclusivos, que existían en algunos espacios conquistados por determinados grupos sociales.

El casco se ha ocupado ahora por una multiplicidad de espacios de programación cultural, con actividades en la calle, con nuevos comercios, escenario de convivencia de muchas culturas y sensibilidades. Respecto a las intervenciones arquitectónicas contemporáneas, defendió Ercilla un necesario solape histórico entre lo antiguo y lo nuevo, siempre que lo nuevo sea de calidad: “esa coexistencia parece imprescindible si queremos que el casco esté vivo”. También parece obligado convertir espacios ya existentes en espacios de actividad ciudadana, como los museos o la misma catedral, protagonista de una exitosa campaña “Abierto por obras” que ya ha sido imitada en otras ciudades españolas.

La sesión concluyó con una mesa redonda en la que pudo profundizarse en algunos aspectos tratados a lo largo del día. Los cascos históricos pueden ser elementos dinamizadores de nuevas  políticas en nuestras ciudades, pueden representar la oportunidad de alojar programas y actividades innovadoras, siempre que se planteen menos en clave patrimonial y más en clave de apropiación. Además, encajan perfectamente con los necesarios planteamientos de peatonalización, movilidad sostenible, y los retos ambientales que todas las ciudades tienen sobre la mesa.

La jornada fue pues una buena ocasión para hablar de Urbanismo, para reforzar el sentimiento de que es preciso actuar en el casco histórico de Monzón, para concienciar sobre determinadas acciones que se pueden llevar a cabo. Posiblemente no será la última jornada de este tipo que se lleve a cabo en Monzón, que tiene un apasionante reto por delante: revitalizar su casco antiguo, la zona más sensible de Monzón.

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