No hay dinero

Ramón Miranda Torres

Esta semana hemos conocido la última oferta de Junts pel sí a la CUP, intento definitivo de conseguir el apoyo de estos a la investidura de Mas como Presidente de la Generalitat. Sorprende que, entre las propuestas realizadas, haya un “Plan Social de Choque” de 270 millones de euros. La autonomía que seguramente en estos años más ha recortado, donde la exclusión ha crecido con mayor contundencia, hasta acercarse al 30%, y uno de cuyos altos cargos hace apenas un mes les dijo a sus farmacéuticos indignados por la deuda acumulada con ellos, que rezasen haber si había un milagro o jugasen a la lotería, porque “no había dinero”, resulta que sí lo tiene cuando se trata de utilizarlo en un fin que interese a sus élites.

En plena vorágine recortadora porque no había dinero y no “podemos gastar más de lo que tenemos” (Rajoy dixit), cuando la ciudad de Madrid presentó su candidatura a las Olimpidas con aquel memorable “A relaxing cup of café con leche” de su entonces alcaldesa Ana Botella, el ministro de economía ya aclaro, ante las preguntas de cómo se iban ha hacer frentes a las cuantiosas inversiones de un evento así si la precariedad económica nos estaba obligando a cerrar hospitales, no pagar a los dependientes, o recortar la educación como nunca… que no habría ningún problema y las olimpiadas tendrían toda la disponibilidad económica que precisasen.

Apenas dos días después de concluidas las elecciones del 20D, ya empezamos a oír hablar a algunos de sus prioridades que al parecer son ¡Celebrar un referéndum de autodeterminación para Cataluña! y, de no atenderse dichas prioridades, “su disposición” a unas nuevas elecciones. Ignoro el coste del referéndum catalán, territorio donde por cierto en cinco años se ha convocado a la ciudadanía a las urnas por un u otro procedimiento en cuatro ocasiones, si sé que repetir las elecciones en España costará de realizarse, 160 millones de euros… Todo sea por la democracia, pero con ese dinero, para que nos hagamos una idea, se podría dar de comer a 40000 familias (más o menos a dos ciudades como Huesca) durante todo un año.

“No hay dinero” es el mantra que ha sustituido en los últimos cuatro años al de: “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, que pusieron en marcha un poco antes quienes seguramente si habían vivido por encima de nuestras posibilidades, para animarnos a apretarnos el cinturón a todos y aceptar resignadamente el mayor recorte de derechos y libertades (“ajustes” les llaman) vivido en nuestro país desde la llegada de la democracia.

Uno, tan lego en la materia, siempre que escucha la cantinela, no puede evitar preguntarse qué ha pasado con el dinero. ¿Se ha abierto la tierra en alguna parte que desconocemos y se ha tragado los millones de dólares, euros, etc. que nos habían permitido vivir hasta ahora “por encima de nuestras posibilidades?, ¿O ha habido un incendio generalizado en los bancos centrales que ha terminado con la mayor parte de las reservas?, de ser así, ¿qué impide en todo caso volver a imprimir el papel moneda desaparecido?. También, si no hay dinero, ¿Cómo es posible que el 10% de la población haya conseguido en estos años acumular más riqueza que nunca? Y sobre todo, volviendo a los ejemplo utilizados al principio, ¿si no hay dinero para lo básico, para aquello que necesitamos como sociedad, para lo que afecta a las necesidades básicas y la dignidad de las personas, de donde lo sacan cuando hace falta ponerlo sobre la mesa en una negociación de investidura, en un evento imprevisto, o en una convocatoria electoral imprevista y de dudosa utilidad para el interés general de la Población?

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