‘Asuntos personales’ gana el concurso CientocinCuenta

El escritor madrileño José Manuel Dorrego Sáenz, con el microcuento ‘Asuntos Personales’ se ha convertido en el ganador de la novena edición del concurso literario ‘CientocinCuenta’ convocado por el área de cultura del Ayuntamiento de Graus. Este año el concepto obligatorio era la música y, en esta edición, se recibían 250 originales procedentes de distintos puntos de la geografía nacional y de una veintena de países diferentes.

José Manuel Dorrego comenzó a escribir desde muy joven aunque, la fecha oficial que acuña es el año 2002 cuando descubrió Fictia, página web donde el microcuento, explica, ocupa un hueco esencial. Desde entonces escribe y colabora con esta web. Ha publicado relatos en la antología “Latidos”, “101 fictimínimos” o “La lectora impaciente”, y ha sido ganador o finalista de concursos como “Relatos de verano” (ABC) “Los microrrelatos de El País” (El País) “Relatos” (ABC), “Concurso de relatos de RENFE”, “Cuentos en la Onda” (Onda Madrid), “El museo de la palabra”, “Augusto Monterroso”, “Maratón de microrrelatos Navacerrada 2015” o “Relatos en Cadena” de la Cadena Ser, donde he sido 8 veces finalista. De hecho, estará presente en la final anual de 2015.

En mayo, presentó y publicó su primer libro en solitario de microrrelatos, 'El contrabajista del Titanic'."

El jurado, del concurso, lo formaron los concejales del Ayuntamiento de Graus Ángel Laguarta, Joaquín Marro y Carlos González, por el filólogo y crítico literario Carlos Bravo, y por el técnico de cultura del Ayuntamiento de Graus Jorge Mur. El premio del concurso es de 150 €.

Asuntos personales

Hace tres horas y 45 minutos que la orquesta dio su última nota sobre el escenario. Desde entonces nosotros, el público, permanecemos en una incansable ovación que no parece tener fin. Al principio, durante el primer cuarto de hora, las palmas y los vítores eran auténticos; ellos habían realizado un excelso concierto y nosotros se lo agradecimos como corresponde: aplaudiendo. Pero ahora, tras casi cuatro horas dando palmas, mucho me temo que esto va más allá.

Se diría que los músicos comienzan a padecer dolores de espalda con tanta genuflexión de agradecimiento y están deseando que paremos. Por nuestra parte, nos vamos turnando para que la ovación no cese. Sospecho que todos (la orquesta y nosotros) queremos irnos ya a casa, pero esto se ha convertido en algo personal: callarnos ahora y dejar de aplaudir sería una forma como otra cualquiera de claudicar.

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