Cosificar lo humano y humanizar un electrodoméstico

Las palabras son ese hilo con el que cada día, todos, intentamos tejer la vida. Ponerle nombre a lo que sucede y acercarnos a ella definiendo lo que vemos porque necesitamos nombrar para reconocer. Y pasa que, a veces, una palabra se va poniendo de pie poco a poco hasta que, tozuda, se deja ver en cada texto, se cuela en la conversación hasta que nos obliga a buscar el significado en el día a día. Cosificar. Esa es. Convertir lo humano en una cosa. Por ejemplo, dicen que quienes ejercen la violencia sobre las mujeres las cosifican, las consideran nada, cero, una cosa. Dentro de la dureza del lenguaje aplicado a las personas esta palabra “cosificar” me parece dura, tremenda, brutal, porque hace que quienes la ejercen roban el latido, la emoción, la física, la química, todo lo que nos hace humanos.

Y sin embargo esta sociedad que pone al día sus diccionarios cada cierto tiempo, ajustando el lenguaje a la actualidad, es culpable de cosificar a sus compañeros de viaje y, por otro lado, de ser tan tontainas que , en la publicidad que no deja de ser otra forma de comunicarse, humanizamos un aparato electrodoméstico .

Por eso cuando tenemos a millones de seres humanos levantando la mano pidiendo paso, gritando para que los veamos haciéndose visibles en el drama, no deja de sorprenderme que en este avanzado siglo XXI seamos capaces de inventar una campaña de publicidad donde humanizamos a un electrodoméstico. El spot nos muestra, al más puro estilo televisión años sesenta, a un ama de casa que abraza a un lavavajillas pidiéndole perdón por no haber puesto el jabón de la marca del anunciante, echo en falta el delantal blanco impoluto de la señora y me viene a la cabeza la obra de Montero “Usos amorosos de la España de Posguerra” de Carmen Martín Gaite. Pasito atrás. Vaya.

No quiero decir que la publicidad se haga cargo del drama que vivimos. Hay que vender. Quiero decir que si, como dijo Machado, quien habla solo es porque espera hablar con dios un día…¿Qué hay de los que hablan y se abrazan a los aparatos electrodomésticos?

Humanizar las cosas está genial para cuentos como La Bella y la Bestia con tazas y vasos brincando en el salón y bailando y llorando. Pero la vida real anda pidiendo a gritos que pongamos un poco de orden a esto: cosificar y humanizar.

Cristina Pérez Diego

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