Escapada del CMM a Santa María de Dulcis y los rincones de Buera

Con el año nuevo, el Club Montisonense de Montaña retomaba sus andadas culturales. La última les llevaba hasta la Comarca del Somontano, tan variada y rica en mil y un rincones donde descubrir entresijos de nuestra historia y lugares de fascinante belleza. En esta ocasión, participaba un grupo compuesto por 19 senderistas. Ésta es la crónica de la jornada:

“Nuestro pueblo es Buera, un lugar que nos ha encantado y que muchos apenas conocían, ya que la carretera del Vero casi siempre nos conduce más arriba. Nos juntamos nada menos que 19 senderistas incluyendo a María Asunción Lisa, vecina del lugar que nos hizo de guía y de enlace para que nos enterásemos bien de cuántas cosas podemos ver por aquí.

Poco antes de las nueve de la mañana aparcábamos los coches y atravesamos las cuidadas calles hasta llegar a la fuente abrevadero, a pocos metros del Ayuntamiento. Hermoso rincón que sorprende por su buena hechura, igual que el lavadero que visitamos a continuación a escasos metros siguiendo la calle hacia abajo. Son momentos de recordar la historia y las maneras de vivir de nuestros abuelos o antepasados, que nos serán más comprensibles al entrar en el Torno de Buera, una exposición instalada en una antigua almazara extraordinariamente bien restaurada que permite conocer todos los elementos necesarios para extraer el aceite y darnos a conocer sus propiedades.

Mariano Lisa, alcalde del municipio de Santa María de Dulcis que integra la localidad en la que estamos y la de Huerta de Vero, es quien nos da a conocer los pormenores sobre la almazara y las propiedades tan valiosas y variadas que a lo largo de muchas civilizaciones nos ha aportado el aceite de oliva virgen. Puso en marcha el molino para que pudiéramos ver cómo se pisaba la aceituna, nos mostró todo un sinfín de detalles y también nos ofreció una cata de aceites que nos hizo apreciar mucho mejor el sabor y aroma de cada variedad. Es el fruto de un gran trabajo para conseguir rehabilitar esa preciosa casa y poner en alza nuestro patrimonio y nuestros recursos.

El tiempo pasa que vuela, así que recogimos la llave del Santuario de Dulcis y comenzó nuestra tranquila andada, que casi parecía una romería. El día es fresco pero sin viento, el ejercicio se agradece y nada parece poder perturbar este plácido domingo.

A poco de salir del núcleo urbano y junto a la misma pista, se encuentra una pequeña ermita dedicada a San Juan, allí mismo tomamos una cuidada senda hacia el barranco donde está el Pozo de Hielo de Os Moros, de un tamaño considerable y que fue hace unos años restaurado.

Regresamos a la pista principal y más adelante desviaremos a la derecha para subir al Mirador de Dulcis, desde el cual podremos contemplar en el horizonte las siluetas de Adahuesca, Radiquero, Alquézar, Asque y Colungo. ¡Jolines, qué panorama! También aparece muy cerca la Ermita – Santuario, a la cual nos acercamos “entrando” en un gigantesco reloj solar, monumento al Olivo y el paso del tiempo, y el Bosque de Olivos, unas parcelas donde se han plantado 18 variedades de olivo autóctonas a modo de jardín botánico, cuyos ejemplares son en ocasiones centenarios. ¡Que esmero y dedicación para hacer el lugar más atractivo!

Es otro punto más de interés antes de llegar a la “Joya de la Corona” que es el Santuario de Dulcis, declarado Bien de Interés Cultural en el año 2002. Un edificio de gran belleza construido sobre el lugar donde, según la tradición, tras la expulsión de los moros de estas tierras durante la reconquista, se apareció la Virgen sobre un panal de abejas, de ahí su advocación. En origen existió una construcción románica, del siglo XIII, pero su verdadero interés reside en la profusa decoración realizada en yeso que recubre todo el interior, en la que conviven motivos de tradición mudéjar como el entrelazo y las estrellas, con otros propios del barroco que consiguen crear un espacio dotado de una gran plasticidad.

Junto a este Santuario hay unas mesas donde pudimos sentarnos a comer un poco, también hicimos la foto de grupo y ya por una senda recientemente abierta continuar la andada hasta el abandonado núcleo de Los Corrales. Allí María Asunción nos enseñará tres nuevos elementos de interés: Un pozo o depósito hecho en sillar de piedra que pudiera haber servido de acumulo de hielo, un Molino de aceite en proceso de restauración y cuya curiosidad es que funcionó en una época situada a caballo del molino del Torno de Buera y los modernos molinos hidráulicos, y finalmente adosado a una casa en ruinas, un trullo o depósito para la obtención del vino, cuyas paredes forradas de baldosa cerámica se mantienen en muy buen estado. Hará falta un empujón más para rehabilitar también este lugar.

Volvemos por el caminito hacia Buera, y de nuevo nuestra improvisada pero atenta guía nos llevará al Tejar, o sea a la fábrica de tejas, ladrillos y baldosas que en el año 2008 fue restaurada por el taller de empleo Entabán V de la Comarca del Somontano, en colaboración continua con el Ayuntamiento para facilitar esta labor. Los alumnos de esta escuela taller, pudieron recuperar este importante elemento etnográfico para el conocimiento y disfrute de los visitantes.

No nos queda tiempo para más, menudo paseo cultural, con tanto por ver no nos queda más que agradecer al Alcalde como representante de esta localidad y a María Asunción, que nos hayan permitido conocer su pueblo y ofrecernos la oportunidad de traer aquí a nuestras familias cuando nos apetezca pasar un buen día.

La próxima salida del Club nos llevará a Benabarre, Aler y la ermita de Las Ventosas, para descubrir otros rincones y también para darnos una buena andadita, que siempre es saludable”.

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