Profesión solemne de dos nuevas monjas en el Convento de la Asunción

El Convento de la Asunción de Huesca acogía este martes, la profesión solemne de las hermanas keniatas Jacinta María Mukenyi Kibambu y María Lucía Mueni Mutinda, con la que han pasado a formar de la orden de las Carmelitas de la Antigua Observancia. Esta Eucaristía, que estaba presidida por el Obispo de Huesca, Julián Ruiz, también servía como clausura para el Año de la Vida Consagrada, que comenzó el 30 de noviembre de 2014. Las monjas pronunciaban sus votos de pobreza, castidad y obediencia en una misa en la que las monjas keniatas del convento realizaban dos bailes tradicionales de su país.

Tras una monición de entrada y el rito de la bendición de las candelas, ha comenzado la solemne ceremonia en el que han destacado varios momentos de la profesión religiosa. En primer lugar, se realizaba la llamada por parte de la hermana maestra y la presentación, en donde las religiosas manifestaban su deseo de “servir a Jesucristo, esposo de las vírgenes, en esta familia religiosa del Carmelo todos los días de nuestra vida”.

En su homilía del Obispo se dirigía a las homenajeadas para animarlas en su camino y felicitarlas, tanto en español como en inglés e incluso con algunas frases en swahili. Asimismo, teniendo en cuenta que este 2 de febrero, se celebraba el Día de la Vida consagrada, el prelado oscense citaba algunas reflexiones de san Juan Pablo II, promotor de esta efeméride, y recordaba la clausura del Año de la Vida Consagrada.

Jacinta María y María Lucía pronunciaban sus votos de pobreza, castidad y obediencia. Posteriormente, se postraban ante el altar mientras se recitaban las letanías de los santos y tres niños dejaban caer pétalos de rosas sobre los cuerpos de las religiosas.

“Con plena confianza y voluntad firme, me consagro totalmente a Dios y, siguiendo los ejemplos preclaros de la Virgen María, Madre de Dios y del Profeta Elías, nuestro Padre, me comprometo a vivir en obsequio a Jesucristo (…)”, con estas palabras, arrodilladas delante de la priora reiteraban su votos, leyendo la fórmula de la profesión. Después las recién profesadas se dirigían do al altar para firmar su testimonio. Al acabar la consagración de las profesas recibían, por parte del Obispo, los anillos en señal de alianza con Dios.

Durante la celebración, las religiosas keniatas del convento realizaban dos bailes tradicionales de su país, en un caso para ofrecer el pan y el vino y el segundo, como acción de gracias a Dios.  

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