Gran ceremonia en la Catedral para celebrar los 100 años de Damián Iguacen

Damián Iguacen

El que fuera obispo de Barbastro, Teruel y Tenerife, Damián Iguacen, cumplía este 12 de febrero, 100 años. La Diócesis de Huesca celebraba una Eucaristía homenaje, en la que participaban catorce obispos y unos 70 sacerdotes, además de seminaristas. Con la seo repleta de fieles, el Obispo de Huesca y Jaca, Julián Ruiz, hacía una semblanza del centenario obispo emérito a quien agradecía su labor de años por la Iglesia.

Precisamente, el obispo oscense reconocía que éste era un día importante, para festejar y agradecer los primeros cien años de don Damián, que sigue participando activamente en la vida de la Iglesia.

El homenajeado, que sigue celebrando misa a diario en la residencia Saturnino López Novoa, donde vive, se sentía abrumado y agradecido por este homenaje, y humildemente reconocía que todo se lo debe a Dios.

Una procesión de sacerdotes y obispos, que recorría la nave lateral y central de la Catedral, iniciaba la celebración de la Eucaristía. En esta misa participaba el Cardenal Carlos Amigo, sentado a la izquierda del Obispo Julián Ruiz. A su derecha se sentaba Damián Iguacen. En los laterales exteriores de la sede se situaban el arzobispo de Zaragoza, Vicente Jiménez, y el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez.

En su homilía, además de glosar la vida del obispo emérito, el obispo de Huesca decía que la celebración tenía un triple objetivo: dar gracias a Dios por don Damián, con don Damián y a don Damián. Recordaba los cargos eclesiásticos que desarrolló desde que fue ordenado sacerdote el 7 de junio de 1941, así como el trabajo que llevó a cabo en la Iglesia. Le agradecía el acompañamiento espiritual que ha prestado a tantos sacerdotes y fieles, y daba gracias por su estilo de vida de coherencia, sencillez, trabajo callado y silencioso. Reconocía que el ya centenario obispo habría querido pasar este día en recogimiento y soledad, pero le pedía el sacrificio de compartir con él unas horas.

Al concluir la Eucaristía, el obispo oscense leía dos cartas, una en nombre del cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, y otra del cardenal Marc Ouellet, de la Congregación para los Obispos. Por su parte, el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, ponía voz a unas palabras del Papa dirigidas a Monseñor Iguacen. En este mensaje, Francisco “se une espiritualmente a la acción de gracias a Dios por los dones recibidos en su dilatada vida de pastor y de servicio generoso a la Iglesia”. El obispo de Roma “le asegura un recuerdo en sus oraciones para que el Señor le acompañe siempre en su bondad y le conceda abundancia de paz y serenidad espiritual”. El mensaje concluye encomendando al obispo emérito de Tenerife a la protección de la Virgen María e impartía la bendición apostólica.

El homenaje concluía con la intervención de un emocionado obispo, don Damián, que como es habitual en su carácter puso un toque de humor, al recomendar a todos los presentes un secreto para llegar a los cien años. “Una receta que a mí me ha ido muy bien. Me ha gustado el arte, he trabajado bastante en el arte religioso y he comprobado las cornucopias, cómo las adornan. Que sepamos hacer una cornucopia para enmarcar nuestra vida. Con cuatro lados: Señor. Sí. Aquí estoy. Amén. Aleluya. Demos gracias al Señor y que lo bendigamos para siempre”.

En el acto estaban también presentes la Subdelegada del Gobierno, el alcalde de Huesca y el concejal de Relaciones Institucionales, el Teniente Coronel de la Guardia Civil, el Comisario Jefe de la Policía Nacional y el Presidente de la Audiencia Provincial. Entre los prelados presentes se encontraban el Arzobispo de Oviedo, anterior obispo de Huesca y Jaca, Jesús Sanz, el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez, y su antecesor, Alfonso Milián, Carlos Escribano, obispo de Teruel-Albarracín, o el secretario general de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo.

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