De Pascuas a Ramos

Cuando el refranero dejó impreso para la historia aquello de “ de Pascuas a Ramos”, estaba hablando de situaciones que se sucedían de forma esporádica y que casi cuando llegaban sorprendían. Era la época en la que la vida se regía por dos calendarios: el de la agricultura y el de la tradición religiosa

Algo ha cambiado. No tanto para los que apuestan por una vida laica y demasiado, para los que quieren que la hagiografía siga marcando en rojo las fiestas de guardar.

El caso es que estamos a punto de abrir esa puerta que solo encontramos abierta, efectivamente, de “Pascuas a Ramos”. Es la que da paso a ese escenario de terrazas, de hoteles llenos, de estaciones de esquí pletóricas, de caminos que se convierten en rutas turísticas, de visitas guiadas, de carreteras con exceso de viajeros y pueblos y ciudades con falta de aparcamientos. Pero sobre todo, estas vacaciones de Semana Santa, forman parte de uno de esos picos que hacen que el encefalograma plano en el que está sumido el sector servicios de la provincia, salga del valle y se haga un Everest, rozando ese concepto que tanto esperamos :”cien por cien de ocupación”.

Igual el tiempo no acompaña tanto, a lo mejor hay muchos visitantes y poca caja, pero pase lo que pase es fundamental que esta peculiar industria - que no produce nada pero que genera puestos de trabajo y tanto suma en grandes y pequeñas empresas- es fundamental que cierre estas vacaciones con un notable alto.

En ello nos va el poder alimentar el desierto que nos separa del verano. Pero , para que quienes vengan repitan, fundamental que la caña en la terraza o el alquiler del piso no se hagan también un Everest.

Usted me entiende. No matemos la gallina de los huevos de oro que esto pasa…de Pascuas a ramos.

Cristina Pérez Diego

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