Plataformas Anti... todo - Ángel Samper. Editorial de la revista Asaja Aragón

Fue en la primavera del año pasado, previas las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015, cuando ASAJA se puso en contacto con los responsables de los diferentes partidos políticos para trasladarles una necesidad y un encargo: habilitar espacios de difusión continua de conocimiento del medio rural al medio urbano. En una de nuestras editoriales ya lo apuntábamos: “existe un déficit brutal de conocimiento de las necesidades reales de la mayor parte del territorio: nuestro pueblos y el patrimonio natural”. Fruto de ese desconocimiento (no creemos que haya premeditación) los espacios rurales sufren continuamente y en silencio “la desconexión”. Y es precisamente en el principal espacio de desconexión, nuestra capital de Aragón, Zaragoza, donde nosotros apuntábamos la necesidad de la habilitación y recuperación del conocimiento rural en un lugar emblemático: el buque insignia de la EXPO, actualmente en desuso, EL PABELLÓN DE ARAGÓN. Todos los políticos nos dijeron que sí, pero ninguno de ellos hizo siquiera mención en sus programas electorales. Estaban todos demasiado ocupados midiendo el rédito electoral de sus esfuerzos.

En la situación actual en que nos encontramos es muy difícil que ese déficit revierta. A pesar de todo lo que se dice, de todo lo que se ordena, proclama y divulga en interminables páginas de tinta impresa, llenas de buenas intenciones, la mayor parte del territorio no obedece a la acción de los que deberían ser sus legítimos valedores, los rurales, sino al dictado de donde está el voto: las ciudades; porque es desde aquí, desde donde se ordena, legisla y decide lo que se “debe” y, peor aún, lo que no se debe hacer. La presencia mayoritaria del voto en las ciudades estrangula constantemente cualquier grado de pretendida sensibilidad con el MEDIO AMBIENTE. Y de ahí el resultado negativo de tanta normativa y acción impresa e inacción presupuestaria para y por el territorio. Así pues, no vienen acompañadas las acciones y dotaciones presupuestarias oportunas porque la rentabilidad más rápida y palpable está más lejos de la madre naturaleza y más cerca del asfalto. Y para muestra un botón: hay que cuidar el monte y para ello ahogamos con normativas, leyes y amenazas a sus principales valedores, los habitantes de los pueblos. Consecuencia de ello y de la ausencia de acciones y presupuestos al efecto: nuestro pulmón, los bosques, agonizan en un estado lamentable.

Por eso, a nosotros, los rurales, nos congratula ahora enormemente que haya una tendencia en crecimiento de urbanitas que se acercan al medio rural aunque sólo sea durante los fines de semana porque ello nos ayuda a acercar la sensibilidad y el conocimiento de nuestra realidad, particularidad y necesidades; que al fin y al cabo son las de todos, urbanitas y rurales. Porque no olvidemos que en el sentido común lo que prevalece es el sentido de la unidad, el interés de todos.

Sin embargo, a veces nos sorprenden movimientos contrarios al legítimo equilibrio de las zonas rurales. En Aragón tenemos 47.720 Km cuadrados de territorio, de los cuales el 18,61% son zonas naturales, el 27,61% son zonas forestales, el 52,36% son zonas agrícolas, el 0,57 % aguas continentales y el 0,85 “superficies artificiales”. Por consiguiente ya existe un alto porcentaje de territorio que está “celosamente protegido”. Y es en la mitad del territorio donde tenemos que extender la difícil tarea de la coexistencia entre la producción y el respeto al medio ambiente. A veces nos olvidamos que las dos primeras necesidades cuando nos levantamos por la mañana son respirar y comer, comer y respirar. Se puede y se hacen las dos cosas a la vez y se puede producir sin molestar o molestando lo menos posible.

Todo ello ya está sobradamente regulado y más en la producción de la ganadería intensiva. Por ello no hay razones para la oposición a la instalación de granjas perfectamente ordenada salvo que estemos hablando de otro tipo de “oposición”.

En este sentido, primero habría que recordar a todos los que nos empecinamos en nuestra forma de vivir en las ciudades que no es lícito contaminar de modo extremadamente injustificable nuestro entorno. Y es curioso que nos empeñemos en maltratar ese 0,85% del territorio que no está regulado, o mejor dicho si lo está pero toda regulación y justificación pasa por el mercadeo y la compra y venta de emisiones como si de cromos se tratara. Nos da mucha pena la cantidad extrema de contaminación y malos olores que pueden generar las papeleras en Zaragoza o cuando vemos talar indiscriminadamente los árboles en el corazón de Zaragoza porque molestan al tranvía, por poner un ejemplo… ¡Ahí echamos mucho de menos los movimientos y plataformas!.

Y en el mismo sentido, tenemos que apuntar que la ganadería extensiva está muriendo con el desastre que ello conlleva para el cuidado del territorio y el MEDIO AMBIENTE. Muere porque es un sistema caro y el consumidor por el momento no puede o no está dispuesto a pagarlo. La ganadería intensiva en este estado de cosas es imprescindible y necesaria para todos.

Desde ASAJA evaluamos el alcance del posible problema que pudiese haber de contaminación en las dos zonas donde han aparecido las dos plataformas anti-porcino. En ambos casos, además de no detectar el mínimo riesgo de contaminación nos encontramos con la sorpresa de que están muy lejos de cubrir las necesidades reales del suelo. Además nos encontramos con la grata sorpresa que los afectados además de cumplir con todos los requisitos de la normativa, que de por sí ya es exigente, mostraban una gran disposición a colaborar para evitar cualquier grado de conflicto social, aun apuntando que los firmantes de la plataforma seguramente se moviesen por otros motivos.

Desde ASAJA nos congratulamos de ello y también que agricultores y ganaderos se comprometan de manera completamente altruista y desinteresada por trabajar y defender los intereses rurales. A Jesús Escario lo conocemos de sobra, ya no por la relación personal o la relación directa que tiene en Asaja, es su historial el que le avala. Es un claro ejemplo de los niveles de compromiso que todos y cada uno de nosotros deberíamos adquirir para servir con equidad y altruismo los intereses del medio rural y de la sociedad en general. En los tiempos que corren nos duelen las imágenes de los desórdenes de todo tipo que nos trasladan los medios de comunicación. Por eso es bueno centrar nuestra atención en tantas y tantas personas como Jesús Escario que desde sus diferentes ámbitos de actuación, no solo no cobran por lo que hacen sino que les cuesta mucho tiempo, esfuerzo y dinero. Deberíamos tomar nota todos y deberían tomar nota especialmente aquellos que faltan al respeto a las personas que cómo él hacen posible que a pesar de todo lo que ocurre, los mecanismos públicos y la sociedad funcione.

Desde ASAJA nuestro más profundo agradecimiento a todas las personas que desde los diferentes colores, movimientos o sensibilidades hacen posible que nuestra sociedad siga avanzando en el respeto y la solidaridad en aras del bien común.

¡ MUCHAS GRACIAS A TODOS ELLOS!

Ángel Samper, secretario general de ASAJA Aragón

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