Granger Hall, con su pasado en el Peñas, protagonista de Endesa Basket Lover

La página web endesabasketlover.com que repasa la actualidad de jugadores históricos que han pasado por el baloncesto español hace referencia en uno de sus últimos artículos, firmado por Javier Ortiz, al ex jugador peñista Granger Hall, bajo el título: “Granger Hall: Icono en Huesca y con familia muy española”.

En el artículo, Granger recuerda su pasado en el Peñas y en otros equipos españoles y ahora desde Estados Unidos, donde reside con su familia, sigue muy unido a Huesca y concretamente a la localidad de Almudévar donde nació su esposa Chus Abiol y donde suele pasar algunas meses en su visita a nuestro país.

Javier Ortiz comienza diciendo: “Todos en pie porque hoy hablamos de Granger Hall, el norteamericano que más partidos ha disputado en la Liga con nada menos que 433. Sin embargo, hay que dejar claro que lo suyo no es solo cuestión de números (18,6 puntos y 9,9 rebotes en 36 minutos), sino más bien de implicación, de fuerza, de potencia. En Huesca le recuerdan especialmente bien por haber formado una maravillosa pareja con Brian Jackson, pero también dejó una buena impronta en Valladolid (su primer sitio en España, en la 85-86), Manresa (dos etapas), Sevilla, Salamanca y finalmente Huelva, donde cerró su ciclo de 13 temporadas consecutivas y su propia carrera en la 97-98”.

A partir de allí realiza un repaso de su trayectoria: Hall, nacido en Newark (New Jersey), no vistió camiseta profesional alguna fuera de la ACB. Criado en la universidad de Temple, entró en el puesto 78 en el ‘draft’ de 1985 por los Phoenix Suns. Su entrada en el Forum por Bruce Kuczenski a poco de iniciarse la temporada fue el inicio de una larga época de éxitos colectivos y personales. El más importante de estos últimos fue seguramente conocer en Huesca a su esposa, Chus Abiol, con la que tuvo a David y a Della. Ella era la secretaria del club. Todos viven juntos ahora en Bucyrus, una localidad de 12.000 habitantes al oeste de Cleveland. Y allí le hemos encontrado.

“No pienso mucho en lo que hice en España. El baloncesto fue mi vida durante mucho tiempo, pero ahora estoy centrado en mis niños”. Se refiere a los del centro social con los que trabaja a diario. “Ayudamos a chicos desfavorecidos, que han tenido problemas con las drogas o la violencia, o que están en familias complicadas. Estoy feliz allí, aunque a veces sea duro afrontar algunas situaciones”, añade en un español bastante aceptable. “Normalmente en la familia hablamos en inglés, pero cuando estoy cabreado, lo hacemos en castellano, y así no me entero de nada”, dice entre risas.

David y Della nacieron ambos en Huesca, adonde Granger y Chus regresan con los chicos cada dos años. Allí queda la impronta todavía del imponente dúo que formó con Jackson. “Los dos éramos profesionales. Firmamos un contrato y hay que tener respeto por ello, estar siempre al cien por cien. Me fue bien en el baloncesto porque me lo tomé en serio”. No olvida al grupo de nacionales (‘Vallecas’ Hernández, Joan Pagés, David Solé, Raúl Capablo, Óscar Alocén y un largo etcétera) que también fueron claves en que una ciudad como Huesca se mantuviese tantos años en la élite.

Tanto predicamento tenía allí que durante dos campañas consecutivas, la 90-91 y la 91-92, el club oscense configuró la plantilla sin él, pero tuvo que reconocer a los pocos meses del error y le reclamó para sustituir primero a Derek Strong y el año siguiente a Wallace Bryant. Huesca era Granger y Granger era Huesca.

Los dos chicos de los Hall se sorprenden mucho cuando tanta gente para a su padre por la calle todavía en esas visitas a Aragón, que incluyen como es lógico una vuelta por Almudévar, el pueblo de la madre. “El baloncesto es un buen ejemplo para ellos”, resume el ex jugador. David ha jugado al baloncesto en ‘high school’ (“no es muy bueno, pero tampoco es muy malo”, le analiza Granger). “A Huesca me gusta mucho ir y siempre tengo deseos de volver. Es un sitio pequeño y tranquilo. Está muy bien hablar con la gente y descansar. España es un buen país. Conozco bien su historia y lo prefiero a Estados Unidos”.

Y es que la integración lo es todo. “Me acuerdo que cuando llegué a un acuerdo con el Forum Valladolid para fichar, mi madre me dijo que fuese a la biblioteca para leer libros sobre España y que me enterase de cómo era allí la comida, la cultura, la gente. Fue lo que hice y eso me ayudó a comprenderlo todo mejor y más rápido. En el baloncesto, lo importante son las ganas y estar concentrado en el trabajo”, señala.

Era un experto en el rebote, pero el aficionado medio sobre todo recuerda su particular forma de lanzar los tiros libres, con tres pronunciados botes que eran coreados desde la grada con el coro de “uno, doooos, treeeeees”. Todo tiene una explicación: “En la universidad era bastante malo lanzándolos, pero me enseñaron a hacer eso como forma de concentrarme y acertar más. Me hacía gracia que la gente cantase eso al mismo tiempo”. En España logró un aceptable 72%, yendo muchísimas veces a la línea (2.132 aciertos de 2,949).

En suma, un personaje imprescindible, recordadísimo, símbolo de una época pese a jugar en equipos que no aspiraban a grandes títulos. Que le vaya bien, don Granger.

Comentarios