Huei ye 23 d'abril. Manifiesto de Podemos Aragón

A las puertas de Europa llegan desde Turquía -como San Jorge- miles de personas huyendo de la guerra y de la destrucción. Dentro de la muralla, millones luchamos por salir de la crisis con justicia, a pesar del sarcasmo de las cifras económicas y de la austeridad. Mientras, en el Congreso se agotan los días para que triunfe la lógica de un cambio político, frente a la amenaza de una Gran Coalición o la incertidumbre de unas nuevas elecciones.

Estas son las circunstancias en las que en Aragón llegamos a nuestro día, a un 23 de abril marcado por un escenario político abierto y por la necesidad debatir qué significa vivir la lucha contra la crisis y la austeridad, y por un nuevo marco político en Aragón.

En Podemos no nos gustan los debates identitarios. Tenemos, eso sí, claros nuestros referentes. Y es que no existe un Aragón digno de ser habitado sin Francisca Castillo. No hay Aragón sin el ejemplo de Vicente Cazcarra. Se nos queda corto y vacío el país si no recordamos a Ascaso, Amparo Poch, Gaspar Torrente, Labordeta, Josefa Amar, Aliou, Basanta, José Luis Alcazo, María Domínguez, Costa o incluso el propio Juan de Lanuza. Tanta gente, en fin, ejemplo de compromiso, de humanidad o de cuidados, y que cuentan en lo que en Podemos hacemos cada día.

No los nombramos de continuo, es cierto, como no siempre hacemos referencia a aquel 23 de abril de 1978 en el que 150.000 aragoneses salieron a la calle y diseñaron una hoja de ruta para un Aragón nuevo; no hace falta para tenerlo siempre presente. Aquel día se marcó a fuego qué proyecto teníamos para nuestra tierra. Dignidad para el medio rural, desarrollo equilibrado de Zaragoza y el resto de Aragón, una autonomía equiparable a la del resto de pueblos y un futuro para detener la sangría de la emigración.

Es sorprendente como, habiendo cambiado las circunstancias de estas reivindicaciones, éstas se mantienen completamente vigentes. No es casualidad: las élites aragonesas han planteado un sistema de gobierno que, pretendiendo sobre el papel asumir estas demandas -planteadas en sucesivas movilizaciones-, se ha transformado en una enorme agencia de colocación que se sirve de lo común para mantener sus cacicazgos. Entretanto, la ciudadanía y las instituciones se endeudaban con la banca. Por eso el éxito de nuestras instituciones de autogobierno ha sido limitado: porque no han sido nuestras.

El engaño se mantuvo hasta que estalló la burbuja que lo alimentaba. Pero a partir de 2008 se hizo imposible ocultar que la gente seguía emigrando, ya no solo desde el campo, sino también desde Zaragoza; los derechos sociales fueron devorados por la deuda (durante la ultima legislatura hubo 600 millones anuales recortes; la deuda aumentó 3.500). La corrupción urbanística empezó a aflorar como un cinturón de vergüenza, especialmente, alrededor de Zaragoza.

La desesperanza se mantuvo hasta que se esfumó el engaño que la permitía. Desde 2011 hemos llenado las plazas, las calles y nuestras propias cabezas y corazones de lucha y de un nuevo proyecto en común. Hace dos años conseguimos abrir la brecha por medio de las urnas a las instituciones. Ahora toca pensar si el camino ha sido el preciso, si en Aragón está ocurriendo lo que soñábamos y trabajábamos porque ocurriera. En cualquier caso, esto no seremos nosotros quienes lo digamos, sino la gente.

Sí diremos que, por más que pretenda el presidente Lambán, no va a haber pactos con el PP o de camarillas para cerrar en falso la crisis que la vieja política trajo. Muy al contrario, el cambio profundo y constituyente que necesita Aragón vendrá de los acuerdos, diálogo y participación de la ciudadanía. Para lograrlo vamos a tender la mano a todas las fuerzas políticas y sociales que compartan esa visión. Y es que no sabemos si vamos o no hacia unas nuevas elecciones pero, independientemente de ello, queremos avanzar por el camino que nos ha trazado la gente, sumando voluntades y multiplicando complicidades.

Huei ye 23 d’abril. 23 d’abril siempre.

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