Bodas sacerdotales de brillante y de oro, de Damián Iguacen, Santiago Villacampa y Antonio Santamaría

El Seminario de Huesca-Casa Diocesana acogía este jueves, festividad de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, la celebración de las bodas de brillante de Damián Iguacen, Obispo emérito de Tenerife, por sus 75 años como sacerdote, y las bodas de oro de Santiago Villacampa, párroco del Perpetuo Socorro, y Antonio Santamaría, párroco de Grañén, entre otras poblaciones.

La celebración comenzaba, con una Eucaristía en la iglesia del Seminario de Huesca, que presidía el Obispo oscense, Julián Ruiz, junto a Alfonso Milián, Obispo emérito de Barbastro-Monzón, y era concelebrada por los homenajeados, Santiago y Antonio, ya que Damián Iguacen no podía asistir al acto. Además los acompañaban otros hermanos sacerdotes de la diócesis, familiares de los homenajeados, religiosos y fieles.

El prelado oscense iniciaba y concluía su homilía dando las gracias a los homenajeados y agradeciendo al Señor por y con ellos. Asimismo, de los presentes, Santiago y Antonio, destacaba su “humildad” y agradecía el esfuerzo realizado en esta celebración, ya que no son personas que disfruten con el protagonismo. Durante su discurso, que era un poco más extenso de lo habitual, el obispo oscense hacía referencia el Evangelio del día, al Año de la Misericordia y a la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”. También dedicaba unas palabras a Antonio Bravo, quien celebró sus bodas de oro el pasado año, pero no pudo asistir por motivos personales y en esta ocasión decidía acompañar a sus hermanos sacerdotes.

En la homilía subrayaba además algunas características, responsabilidades y compromisos del sacerdote. Posteriormente, en el salón de actos del Seminario de Huesca, Alfonso Milián impartía la conferencia “Se puso a caminar entre nosotros. Ser y tarea de los laicos”, en la que hacía referencia a cómo deben los sacerdotes acompañar a los laicos en su tarea, del mismo modo que lo hizo Jesús durante toda su vida.

La jornada de júbilo concluía con una comida fraterna en la que los agasajados y sus hermanos sacerdotes compartían y disfrutaban de un tiempo para la convivencia y donde los homenajeados recibían de manos de sus compañeros una placa conmemorativa de recuerdo.

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