Apoliticismo Activo

Diego Guallart Gil. Candidato al Congreso por Huesca, por Escaños en Blanco

Los seres humanos nacemos sin creencias políticas. El entorno en el que nos desarrollamos, generalmente nos crea nuestro propio ecosistema de creencias. Éstas son susceptibles de cambio o incluso de negación.

Personalmente, me definiría como apolítico, aunque ello no implica que me inhiba de la política totalmente. Me interesa la política, pero no me generan ningún tipo de confianza la que hoy en día la practican en nuestro país. La política entendida como la dialéctica ejercida con educación y respeto, y como dialogo es algo que quienes la ejercen en nuestro país desconocen. Enfrentamiento es el sinónimo de política en nuestro país. Para muestra tenemos lo acaecido en los últimos meses. Podemos alardear de que los elegidos para atender el mandato electoral, no han obedecido lo que los ciudadanos les estaban pidiendo en las urnas: pactar, dialogar, consensuar, y otros términos idénticos, usaban los analistas. Esta circunstancia nos ha llevado a unas nuevas elecciones, otra nueva fiesta de la democracia, la definen los acólitos del cuatripartidismo. Una fiesta a la que estamos todos invitados, de hecho el dinero para sufragar todo esto saldrá nuestros bolsillos, y en algo lo echaremos en falta.

Con todos estos antecedentes no puedo hacer más que afianzar mi pensamiento de “ateísmo político”, pensamiento no sobrevenido ahora, ni en los prolegómenos del 20 de diciembre. En su momento tuve diferentes inclinaciones de voto, sin venir al caso ahora cuales fueron. Pero cuando aparecen curvas en tu camino, lo único que uno espera es que nuestros dirigentes te pongan las cosas más fáciles, o al menos no ten generen más problemas de los que tienes. Lo curioso del caso, es que volviendo la vista atrás uno recuerda, que las piedras con las que uno tropieza son las mismas que torpedearon a tus padres, con la diferencia de que quien las ponía eran de un signo político diferente al reinante en mi momento. Poco importa la izquierda, la derecha, el centro o las conjunciones de las dos primeras con la tercera, que se empeñan en vendernos. La política nos genera problemas, donde no los había, que se traducen dado el carácter dictatorial de las mayorías absolutas, en graves pérdidas económicas en el mejor de los casos, y en la pérdida de vidas humanas. Puedes pagar tus impuestos, pero eso no te garantiza que las prestaciones sociales en un futuro vayan a ser las mismas, y en caso de reducirse, no lo hará en proporción lo que uno aporta; véase por ejemplo las prestaciones de desempleo, o FOGASA, que financiamos con nuestra nómina. Puede la ciudadanía manifestarse para no abocarnos a una guerra, y estallarnos está en las manos.

La opción a tomar para mostrar mi descontento, era la abstención, pero si no participo en el futuro, me conformo con lo que pudiera suceder. Me incliné por el voto en blanco, pero el sistema electoral le concede esos votos a las fuerzas mayoritarias. De hecho, los integrantes del cuatripartidismo, no contemplan esa reforma en sus programas, bonitos delirios de grandeza. Con ello, la mejor opción se me antojaba en apostar por la utopía, si no confío en nadie políticamente, y más personas como yo, tampoco, porque no mostrarles a nuestros mandatarios esa realidad, en el escaño de al lado. Un escaño vacio, un político menos en quien confía la gente.

La utopía comienza a ser realidad, en algunos ayuntamientos. Llevemosla más lejos.

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