Malestar en los ganaderos de porcino de la provincia de Huesca

La Asociación Pecuaria Oscense (ASOPECO), que prácticamente aglutina a la mayoría de las Agrupaciones de Defensa Sanitaria (ADS) de ganado porcino de la provincia de Huesca ha querido manifestar en un comunicado su preocupación por las críticas que están surgiendo con respecto a la instalación de explotaciones porcinas en la provincia.

En su comunicado se defienden aludiendo a que “toda actividad humana, tiene un impacto sobre su entorno y, sin lugar a dudas, nuestras explotaciones también lo tienen”. Explican que la situación de la ganadería es fácil de comprender, la extensiva no es rentable. El ovino está desapareciendo y el vacuno extensivo sólo es rentable en zonas de alta montaña con pastos de buena calidad y abundantes. El cultivo del cereal no da para vivir si no es en los grandes latifundios y el regadío supone una pequeña proporción de la superficie de la provincia.

Por estos motivos exponen que el porcino ha supuesto una alternativa económicamente rentable, que ha permitido fijar la población (más de 10.000 familias en Aragón) como ninguna otra. Apuntan que “el campo existe más allá de los fines de semana y de las vacaciones…”.

Y con todo ello concluyen en su comunicado manifestando que “el impacto ambiental es mínimo”. Así lo explican subrayando que “la legislación (e instamos a que todo aquel que esté interesado, la revise) que rige la instalación y el funcionamiento de las explotaciones porcinas es extensa y exigente y es imprescindible cumplir con una serie de requisitos y medidas correctoras enorme. Respetamos las distancias a pueblos, fuentes, viviendas diseminadas, elementos arquitectónicos relevantes, caminos y carreteras, ríos… Gestionamos el agua responsablemente, implantado sistemas que evitan la perdida de agua”.

Con respecto a los purines dicen que “son un abono natural, de origen orgánico que, gestionamos de manera correcta, evitando las escorrentías y la percolación a los niveles freáticos. La legislación es muy exigente con su aplicación y los controles intensos. Además, se evita la importación de miles de toneladas de abonos minerales, sin nada de materia orgánica, componente imprescindible para fijar los diferentes elementos al suelo y, así, evitar que sean arrastrados hacia el subsuelo o los acuíferos. Diseñamos nuestras explotaciones evitando la percolación y los lixiviados. Gestionamos responsablemente los residuos generados en nuestras explotaciones, siempre con empresas autorizadas”.

Defienden además que “respetamos el bienestar animal y el medioambiente de nuestras granjas. Y, producimos alimentos para una sociedad, mayoritariamente urbana, que los demanda libremente”.

En lo que se refiere a los olores, dicen que “hoy en día, con los sistemas de ventilación de las explotaciones y las distancias exigidas a los municipios son inapreciables. La aplicación responsable de purines no genera olores más allá de veinticuatro horas tras la aplicación”.

Y sobre el impacto visual se preguntan lo siguiente “¿es mayor que el de las líneas eléctricas, que el de las carreteras, que el de las pistas de esquí, que el de las urbanizaciones turísticas? Por supuesto no hablamos del impacto visual que muchos edificios y construcciones de las ciudades”.

Y por último aluden a que “no pretendemos más que garantizar nuestra vida en los pueblos, que podamos desarrollarnos económicamente en igualdad de condiciones con los habitantes de las ciudades”.

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