A fin de cuentas votamos

.-.-Cristina Pérez Diego.-.-

En este mismo diario digital en su edición de tarde y en la parte de arriba de la sábana y sin que los redactores se pusieran de acuerdo, tres noticias, con tres titulares y en los tres el “voto”. Los carteles de San Lorenzo, el protagonista del lanzamiento del cohete o el dispositivo para el 26J desde la subdelegación. Es normal, son días de conjugar el verbo ‘votar’ a escasas horas de abrir los colegios electorales y de desempolvar las urnas, a las que por otro lado tampoco les hemos dado tiempo suficiente como para ser el lecho de ácaros y otros bichitos que componen ese manto blanco que habla del paso del tiempo…

Es anecdótico por supuesto y la palabra va con la semana ‘temática’ de una campaña electoral. Pero no está de más adelantar la reflexión al sábado 25J, porque no en todos los lugares de todas las geografías de este planeta llamado Tierra, se usan esas cuatro letras como algo corriente: VOTO.

Aunque ahora andamos en días del ‘y tú más’, de agujeros en las arcas que atesoran nuestros impuestos, de mandatarios públicos que ni siquiera se sonrojan cuando deberían estar dando un paso atrás o de vecinos del tercero a punto de hacer las maletas y saltar a la calle empujados por un desahucio, aún con lo terrible que resultan estas situaciones y otras muchas más, podemos votar. A fin de cuentas estamos a punto de asistir a una gran asamblea donde un voto en una urna es, sobre todo, un síntoma de libertad.

Votar o no votar. Pero, ya saben, aquello de que la ‘libertad es poder elegir’. Aun cuando en la peor de las pesadillas de la clase política un día llegáramos a rozar ese “Ensayo sobre la lucidez” de Saramago…aun así habríamos tenido la oportunidad de votar.

Y todo esto sin entrar en ese ligerísimo detalle de cambiar la ‘v’ por la ‘b’. Ese no era el tema.

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