La Asociación Guayente edita un libro sobre la pintura religiosa en el valle de Benasque

La pintura religiosa en el valle de Benasque es el título del libro en el que, Ángel Noguero, profesor de historia y arte, sacerdote y vicepresidente de la Asociación de Amigos del Museo Diocesano Barbastro-Monzón, estudia las creaciones artísticas que decoran los interiores de doce iglesias de pueblos del valle de Benasque. La publicación, con fotografías a color de José Marqueta, es una completa guía que permitirá al lector realizar un recorrido por el espacio y el tiempo. Se podrá adquirir desde el 8 de julio en librerías de Benasque y Barbastro.

Con prólogo de la profesora de la Universidad de Zaragoza, Carmen Morte y epílogo firmado por el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez, el autor visita obras del gótico final como el retablo de San Miguel Arcángel en la iglesia de Abi, del arte renacentista, presente en los retablos pintados de Villanova y Bisaurri, y en los relieves de escultura conservados en la iglesia del antiguo monasterio de San Pedro de Tabernas, donde también hay restos de obras barrocas, y del siglo XVIII en las pinturas murales de la iglesia de San Pedro de Anciles.

Noguero analiza también creaciones de la segunda mitad del siglo XX y primera década del XXI donde se ubican los iconos pintados en las iglesias de Anciles, Renanué, Eresué, Eriste y Sahún, los murales pirograbados en Castejón de Sos y el santuario de Nuestra Señora de Guayente, y el gran mural que cubre la cabecera de la iglesia de Benasque, con la Asunción de la Virgen pintada por Martín Ruiz de Anglada.

La presidenta de la Asociación Guayente, Concepción Artero, señalaba que el valle de Benasque se presenta como un amplísimo museo de artes con salas separadas por los kilómetros de prados y montaña que unen las pequeñas poblaciones. Artero añadía que se trata de un espacio museístico amplio y luminoso que permite conocer y revivir el espíritu y la simbología con que las obras fueron concebidas.

Uno de los cometidos del libro, de 160 páginas, señalaba la presidenta de Guayente es poner en valor un patrimonio singular porque “no gusta pensar que cada lugar se sabe valioso por el tesoro que alberga pero también por la posibilidad de compartirlo, explicaba Artero.

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